miércoles, noviembre 30, 2011

Hoy sufrimos los europeos pero el expolio es global


Mientras en Europa sufrimos, ante la pasividad de nuestros dirigentes, la peor crisis económica desde los años 30, y nos habituamos al temor a que todo lo construido en los últimos 65 años venga abajo, dejándonos expuestos a una pobreza inimaginable, y a tener que luchar solos contra multitud de amenazas geopolíticas; al otro lado del charco, y tirando hacia el sur, los latinoamericanos disfrutan de una primavera de esperanza, de creciente justicia social y de continuo crecimiento económico.

Ellos saben algo que nosotros no intuimos a tiempo; que no se puede vivir del déficit público, que al final los mercados te arrastran al abismo. Lo aprendieron con la crisis de principios de la última década y ahora, dos años después nosotros, los europeos, y en particular, los españoles, portugueses, irlandeses, italianos y griegos estamos pagando el precio de nuestra ingenuidad.

Sin embargo, mientras disfrutan de su ‘bonanza’, que al igual que la que nos tocó a nosotros no es bonanza para todos, y con unos políticos que pecan de clientelismo y que gestionan sus países como pequeños feudos, van apareciendo nuevos peligros en el horizonte. Su riqueza, generada sobre todo a base del aumento del precio de las materias primas en el mercado mundial tampoco es sostenible, y parece que de paso, con tal de conseguir beneficios rápidos, están derrochando recursos y destruyendo ecosistemas. En definitiva, hipotecan su futuro en el nombre de los beneficios a corto plazo.

Mientras tanto, los banqueros y especuladores se ríen de Europa y nos piden que miremos el ejemplo de otras regiones más ‘pujantes’. Sin embargo, todo en este mundo es cíclico y tarde o temprano a otros les tocará la misma sorpresa desagradable una vez terminados los efectos de la hipnosis.

Los mercados generan riqueza pero a coste de barrer todo lo demás, de acabar con los recursos y de oscurecer el futuro de nuestros hijos. Conseguir un cambio requiere un esfuerzo global. También requiere que tanto los que yacemos bajo la apisonadora de la crisis como los que hoy sonríen cegados por la cortina de humo de la riqueza temporal nos demos cuenta de que todo es una gran mentira enmascarada con datos y cifras cada vez más astronómicas e indescifrables, y que la única posibilidad de cambiar las cosas es por medio de un gran despertar mundial, impulsado por la continua reducción de las barreras geográficas y humanas, y que nos lleve a reivindicar nuestros derechos y nuestro papel en una verdadera democracia en la que el poder emane del pueblo y no de unas instituciones cada vez más apartadas de la realidad de nuestra necesidad de supervivencia como raza humana.

martes, noviembre 29, 2011

¿Qué tuitean los niños del Gallinero?

Estos últimos meses hemos visto y leído mucho sobre los indignados quienes, si creemos lo que nos cuentan la mayoría de los medios, son principalmente ciudadanos jovenes de clase media que protestan contra la falta de perspectivas profesionales en España, a pesar de los muchos estudios que han realizado. Hemos visto a través de la pantalla de televisión o del ordenador cómo ocupan edificios, forman partidos políticos o se reúnen en las plazas para intentar construir un mundo mejor.

Sin embargo, los indignados no son, ni mucho menos, los únicos que padecen la crisis en España. Leí esta mañana que el 60% de los parados españoles no han terminado la Enseñanaza Secundaria Obligatoria (ESO). Son principalmente jóvenes que dejaron los estudios para apuntarse al boom del ladrillo, y que ahora, una vez estallida la burbuja, no tienen futuro ni dentro ni fuera de España. Los indignados gritan que son la generación más preparada y menos valorada. Será su caso, pero gran parte de su generación no es ni una ni la otra. Sin embargo, ¿qué sabemos de ellos?


Si lo pienso bien, sí puedo afirmar que he leído alguna cosa sobre la generación que se creía rica con el ladrillo y después lo perdió todo. Sin embargo, estoy seguro de que la mayoría de los artículos que he encontrado sobre este tema son de medios extranjeros. En España, parece más que nunca que los pobres no tienen voz. Se dice que Internet y las redes sociales hacen que la sociedad converge más que nunca, sin embargo, si es así, ¿dónde están los realmente pobres? ¿Qué tuitean los niños del poblado chabolista, el Gallinero, en la madrileña Cañada Real? ¿Qué tuitea el hombre que casi todas las semanas veo recorrer los convoyes de Metro, siempre con la misma historia de que acaba de salir de la cárcel, que necesita darse una buena ducha y que agradecería cualquier apoyo, sea dinero, comida, o lo que sea? ¿Qué tuitean los hombres desmembrados y la señora de la caja musical de la Puerta del Sol?


Nos intentan vender la historia de que Internet nos une, nos hace más iguales, da voz a todos los ciudadanos. Pero hay muchos ciudadanos que todavía no tienen voz, que no se escuchan ni en la radio ni en la televisión, que cuando nos metemos en la comodidad de nuestras casas y  en la página de alguna ONG para dar dinero a Haití, parece que no existen. 'En España todos somos de clase media', sentencian. Claro, los demás están en sus palacios o en la cuneta. ¿Pero qué sabemos de la cuneta hasta que nos toca a nosotros estar allí?


Algunos programas de televisión nos intentan enseñar el Madrid más marginal, la España más profunda, pero siempre con distancia, con frialdad, sin hacernos ver que forman parte de la misma sociedad que habitamos, y que no son una mera curiosidad que está allí para entretenernos. Sin llegar al fondo del problema. Sin entrevistar a expertos o sociólogos para buscar explicaciones y, por qué no, alguna solución. Tener espectadores no es tener voz.


¿Quién les representa? En el Reino Unido los sin techo tienen la revista, The Big Issue, que escriben y venden ellos mismos. Es muy popular y les da dignidad. Puedes notar el orgullo en sus caras, y ha ayudado a miles de personas a salir de la pobreza y conseguir un techo y un trabajo. No en vano, el fundador era él mismo un sin techo. Les demuestra de lo que son capaces. Aquí tenemos una oscura revista llamada La Farola. Los que presumen de venderla sólo sostienen un ejemplar envuelto en plástico. Nunca he visto a nadie comprarla, menos leerla. Dan dinero al 'indigente', pasan y siguen. Si no somos capaces de ver las cosas con nuestros ojos, ¿cómo vamos a diagnosticar el problema, ni hablar de encontrar una respuesta creativa?

El modelo político actual aleja los políticos de los ciudadanos. No necesitan los votos de nadie salvo los de sus partidos para poder aparecer en la lista electoral. El concejal de tu barrio probablemente sepa muy poco de los problemas escondidos en las calles más marginales, y menos si los habitantes son inmigrantes que no pueden votar. Sí, por supuesto hay gente: militantes de base que dedican algunas horas de la semana para visitar la agrupación local de su partido político y que hacen el esfuerzo para adentrarse en los problemas de su barrio. Pero su voz no llega a los altos estamentos políticos, y lo más probable es que cuando ellos mismos empiecen a escalar peldaños en la organización de su partido, también pierdan contacto con el día y se olviden de los que menos tienen.


El silencio de los más necesitados pervierte el sistema, nos hace menos solidarios, hace que los políticos propongan medidas como el copago, la privatización de la sanidad o la educación, y encima nos parece justo. Porque los que más se benefician de un estado de bienestar equitativo y que más perderán ante su cada vez más probable desaparición, ante nuestros ojos simplemente no existen.


Nos hemos olvidado de los marginados - para eso les llamamos así - pero están allí, y merecen más que un oído. Merecen una voz.

domingo, noviembre 27, 2011

"¡Que nos saquen de la crisis... los enfermos!"

Hoy he leído en El País un amplio reportaje que enumera numerosas alternativas para mejorar la financiación de la sanidad pública en España, todas las cuales tienen un objetivo común: conseguir que sean básicamente los enfermos los que se encarguen de amortizar el déficit sanitario.

El reportaje señala, acertadamente, que los argumentos a favor de cada una de estas fórmulas son débiles. El copago o el cobro por las recetas médicas desincentivarían a muchos a hacer uso de la medicina preventiva, aumentando así el número de hospitalizaciones y, por consiguiente, el gasto sanitario. Por otra parte, empujarían a cada vez más ciudadanos a recurrir a la sanidad privada - actualmente de peor calidad - ya que el precio comparado con una sanidad pública no gratuita sería competitiva. Añado que si esto ocurriera, la sanidad pública se convertiría en poco más de una red de seguridad para los más pobres, de cada vez peor calidad porque los que no la utilizasen, pocas ganas tendrían de sostener el sistema con sus impuestos.


El reportaje también revela que, a pesar de la leyenda urbana, son pocos los ciudadanos que abusan de la sanidad pública y que cualquier sistema de cobro por uso terminaría perjudicando a los más necesitados.

A la luz de estos fallos, me sorprende que el reportaje no haga referencia a otra solución, escasamente revolucionaria, pero que permitiría mantener la calidad y la equidad del sistema sanitario español. Se llama 'fiscalidad progresiva'. Es el modelo que se ha utilizado hasta ahora, que  Rubalcaba defendió en la campaña electoral, y que ha permitido a España contar con uno de los mejores, y más baratos, sistemas sanitarios del mundo. Si es tan barato, ¿no estaríamos dispuestos a pagar un poquito más en impuestos ahora que hemos aprendido que no sólo del ladrillo vive el hombre? ¿O chirría demasiado en estos tiempos una propuesta tan solidaria que obligaría a los sanos a contribuir a la atención y el cuidado de los enfermos, a sabiendas de que cualquier día pueden ser ellos los que más lo necesiten?


Ha llegado la derecha. Quizás sea mucho pedir, pero por lo menos hay que intentarlo...

sábado, noviembre 26, 2011

Llegó el momento de acercar la UE a los ciudadanos

Menos de la mitad de los europeos (47%) creen que la pertenencia a la Unión Europea ha sido algo positivo, según Eurostat. Según los datos del estudio, la confianza en las instituciones europeas ha crecido más en los países escandinavos, donde los problemas económicos son menores, mientras la pérdida de fé en Europa en España, Portugal, Italia, Irlanda y Grecia es dramática.

Los problemas a los que no se encuentra solución, tarde o temprano se convierten en mortales. La desconfianza es aún más preocupante ante la falta de una propuesta alternativa para cohesionar los países de la región. Si se derumbara la UE, ¿qué nos quedaría? ¿Ciudadanos cada vez más indignados? ¿Países soberanos que no son capaces de desarrollar políticas económicas a largo plazo? ¿Una Alemania rica, una Francia algo menos, y los demás países condenados a devaluar sus monedas cada seis meses como única medida para mantenerse competitivos, y metidos en un perpetuo espiral de pérdida de poder económico?

Desde luego, estoy convencido de que la Unión Europea tiene que funcionar, y que además nos ofrece una gran oportunidad para restaurar la confianza de los europeos en la democracia ante la pérdida de credibilidad de las instituciones nacionales. La razón de ser de la UE es la de hacernos más fuertes y de poder defender nuestra soberanía cuando en un mundo globalizado los países individuales son demasiado débiles para defenderse por si solos. En cambio, parece que últimamente hace todo lo contrario y funciona más bien como brazo armado de la FMI y el Banco Mundial. Para que se produzca un cambio hace falta mayor democracia en esta organización supranacional. Las elecciones al Parlamento Europeo se han convertido en poco más que una excusa para castigar a los partidos gobernantes a mitad de la legislatura. La participación es baja y el resultado no refleja las aspiraciones reales de los europeos. Las políticas de ajuste que adoptó Zapatero hace un año y que acabaron con su carrera política y con la imagen de su partido se debieron a que ante un Consejo de Ministros y un Parlamento dominados por la derecha, no le quedó alternativa. Sin embargo, no obedeció ninguna lógica que unos ciudadanos que un año antes habían elegido a la derecha para representarles en el PE luego se quejaran cuando su gobierno nacional se quedó sin oxígeno para aplicar medidas de izquierdas.

Hace falta más democracia en la Unión Europea. Hay que dar más poder al Parlamento para que gane peso frente a un Consejo de Ministros que sólo produce políticas de chapuza, carentes de eficacia para solucionar los graves problemas de la región. Hay que aplicar unas reformas institucionales tan urgentes como son difíciles debido a los obstáculos que algunos países ponen en las ruedas, y principalmente el Reino Unido donde el partido gobernante se siente incapaz de superar sus conflictos internos, agravados por la aparición de unos partidos extremistas como el UKIP que buscan paralizar el desarrollo institucional de la Unión Europea con el fin de minar aún más su credibilidad entre los ciudadanos y conseguir su eventual desaparición.

Los principales motores del desarrollo de la UE siempre han sido Francia y Alemania. Pues, no nos debe sorprender que estamos donde estamos si nuestro futuro está en manos de un presidente bling, que sólo quiere verse en los papeles, y una canciller alemana que no es capaz de enfrentarse a la ortodoxia de sus estamentos económicos. Mientras estos países no reconozcan su responsabilidad o impulsen una verdadera transformación de la UE que devuelva poder a los ciudadanos y la convierta en un auténtico y legítimo contrapeso a los gobiernos nacionales, sólo nos queda esperar a que los radicales euroescépticos británicos vean su sueño convertirse en realidad. Sin embargo, nosotros también podemos actuar y decir en voz alta que no queremos menos Europa, sino más, y sobre todo, una Europa más democrática

http://www.adrianelliot.net

miércoles, noviembre 23, 2011

Como me lío con las fiestas nacionales con proyección internacional

Esta semana he leído varias referencias a la próxima fiesta de Thanksgiving, casi todas ellas en lengua española y publicadas en medios de comunicación o en carteles colgados en locales de hostelería, aunque también he visto referencias en algún medio británico. En ningún caso, de todas formas, han tenido el detalle de recordarme en qué fecha exacta tendrá lugar esta tradicional cita en el calendario norteamericano.

Es el último caso de una fiesta extranjera que se cuela en el calendario español y que antes de que nos hayamos podido dar cuenta, todo el mundo asume que vamos a recordar exactamente en qué momento se celebra. Ya nos hemos acostumbrado a Halloween, pero si me lo preguntas, difícilmente te podré decir en qué fecha cae el día de San Patricio o la noche de Burns, para dar sólo dos ejemplos. Los franceses nos facilitan la tarea al referirse al Día de la Bastilla como 14 juillet, y por razones igual de obvias, tampoco cuesta mucho recordar el 4 o el 9 de julio en Argentina o Estados Unidos. Pero más allá de eso, el ciudadano común tiene escaso conocimiento de las fiestas extranjeras, si ya es bastante difícil recordar qué fiesta corresponde a cada uno de los 15 festivos que se celebran en cada municipio español. Quizás sea un fallo de mi parte, mi memoria siempre me ha traicionado a la hora de recordar nombres o fechas, pero estoy seguro de que no seré el único que necesita que se le recuerde gentilmente la fecha de determinada festividad foránea antes de que le inviten a participar en ella.

La globalización enriquece culturalmente, sin lugar a dudas,- casi tanto como empobrece económicamente-, y soy el primero en defender los beneficios de poder intercambiar conocimientos sobre la cultura y las tradiciones de otros países. Sin embargo, aprenderíamos mucho más si los responsables de transmitir la información no dieran por sentado tanto conocimiento previo. A fin de cuentas, las celebramos sobre todo para aprender.

martes, noviembre 22, 2011

Érase una vez los bancos defendían la democracia ante la patronal

Como se ajustan los plazos...

"EL PAIS recogió ayer el comentario indignado de un estrecho colaborador en la presidencia de uno de los siete grandes bancos sobre las manifestaciones del dirigente de la patronal José Antonio Segurado, que manifestó: "Concederemos un plazo de noventa días y esperaremos a que el PSOE comience a legislar". La fuente bancaria se preguntaba en qué podía sustentarse Segurado para conceder plazos particulares a un Gobierno que ha rozado los diez millones de votantes entre sus conciudadanos, y añadía si no cabría preguntarse por la continuidad misma de los actuales dirigentes de la CEOE a la vista de los resultados obtenidos tras su intensa actividad política, acrecentada desde que se convocaron las elecciones autonómicas en Andalucía".
(El País, 30/10/1982)

"El presidente electo, Mariano Rajoy, pedía hace unos días, en plena campaña electoral, "media hora" de gracia a los mercados tras las elecciones. Y los mercados se la dieron: la Bolsa española se mantuvo ayer de 9.00 a 9.30 de la mañana (más o menos) y la prima de riesgo no parecía verse alterada a esas horas por el resultado electoral, que de alguna manera le da a los mercados lo que pedían, una mayoría fuerte para poner en marcha las reformas (y los recortes) necesarios, si es que esos recortes no provocan una recaída en la recesión muy peligrosa. Pasada la media hora, la presión arreció ayer y se acentúa hoy: la agencia de calificación Fitch acaba de lanzar una nota en la que reclama, desde ya, "medidas adicionales" al nuevo Gobierno".
(El País, 22/11/2011)

lunes, noviembre 21, 2011

Las derrotas son para aprender, no para pedir que se cambien las reglas de juego

Cuando empiezas a practicar un deporte, no puedes esperar ganar todos los torneos a la primera. Con cada derrota, hay que sacar lecciones y seguir luchando. Con tiempo y paciencia, llegarás. Rafa Nadal será quizás el mejor ejemplo.

Por eso me indigna que sólo 24 horas después de las Elecciones Generales, a muchos partidos les esté costando asumir esa realidad. Creen que no hay que aprender nada, que lo que ha pasado es una injusticia y hay que cambiar las reglas de juego. Y si dijera eso la Selección, ¿habría ganado en Sudáfrica? Yo les pediría a los partidos un poquito de humildad. Además, estamos hablando de un partido, UPyD, que ha multiplicado por cinco su presencia parlamentaria; y otro, Izquierda Unida, que la ha multiplicado por seis. ¡Y dicen que es poco!

Antes de ganar las elecciones de 1996, el PP tuvo que soportar una dura travesía del desierto. Lo necesitaba. Muchos de sus dirigentes habían ejercido responsabilidades en una brutal dictadura. Necesitaron tiempo para soltarse su imagen autoritaria, para demostrar sus credenciales democráticas y para ganar experiencia institucional. ¡Y cuanto tuvieron que aguantar los del PSOE, durante y después de la dictadura, antes de ganar las elecciones de ‘82!

No hay que subestimar aquel esfuerzo de miles de personas y durante tantos años, de la misma forma que no se debe subestimar la derrota que ayer han vuelto a sufrir los socialistas, dejándoles casi igual a como estaban con la muerte de Franco. Tampoco se debe infravalorar el esfuerzo que van a tener que hacer para recuperar algún día el poder. Han perdido casi toda su presencia institucional. Si algún día vuelven a contar con el apoyo popular, ¿de dónde van a sacar sus ministros? ¿Buscarán algún alcalde? ¿De dónde? ¿El presidente de alguna comunidad autónoma? ¿De cuál? ¿Algún ministro que haya ejercido en un gobierno anterior? Están todos jubilados o han perdido toda credibilidad con los votantes. Es triste, sobre todo para los que han luchado tantos años por sus valores e ideales, pero sólo demuestra lo frágil que es el poder en un sistema democrático. De hecho, creo que es la mejor prueba de que en España no existe el bipartidismo. Hoy por hoy, y muy a mi pesar, el PP es el único partido del país con diputados que ya han ejercido de ministros y que tienen suficiente credibilidad para volver a ocupar semejante cargo. Es duro reconocerlo, pero es la obligación del perdedor reconocer su debilidad para saber desde qué punto tiene que empezar a volver a construir. Salvando el PP, todos los partidos en el nuevo congreso son minoritarios, y parten desde el mismo punto de salida de cara a las próximas elecciones. Todos, sin excepción, tendrán que fijarse como primer objetivo ganar presencia en los municipios y las CC.AA. para poder contar con candidatos serios y capaces para ocupar, en algún momento futuro, puestos en el Gobierno de la Nación.

Sí, el sistema electoral pone más obstáculos a los partidos nuevos. Así, genera mayor estabilidad institucional y favorece la existencia de dos grandes partidos. Pero no por ello tienen que llamarse PP o PSOE. Si los votantes creen que unos les han fallado, todo su poder se puede derrumbar en muy poco tiempo. ¡Y cuánto han cambiado las cosas en cuatro años! Pero más tiempo tarda construir. Y en principio no me parece mal. De esta forma se obliga a los políticos a ganar experiencia antes de ejercer el poder en las instituciones más importantes. Pone a prueba a los nuevos partidos para que demuestren de lo que son capaces. Se da tiempo para que los votantes puedan valorar si o no son creíbles. Evita que crezcan partidos extremistas con la rapidez con la que han surgido en algunos países europeos con sistemas políticos más consensuales…

Por supuesto, no es un sistema ideal; pero si obliga a los partidos a esforzarse, aunque sea un poquito, para ganar la confianza de los electores, parece que cumple una función importante. Y si también es capaz de castigar a partidos que se acomoden demasiado en el poder y que empiecen a pudrirse, creo que debemos reflexionar un poco antes de echar la culpa de todos los males del país al sistema de contar los votos que los ciudadanos depositan cada cuatro años en las urnas.

Yo, por mi parte, he aprendido la lección.

domingo, noviembre 20, 2011

Curiosidades electorales

Algunas observaciones para una noche aciaga:

Acabo de leer que Rajoy ha ganado menos votos que en 2008. ¿Cosas del sistema electoral?

Otra ironía: Los partidos pequeños aumentan escaños pero pierden poder. Zapatero tenía que pactar con los partidos minoritarios. A partir de ahora, todas las decisiones se tomarán en la calle Génova, sin la necesidad de consultar a nadie. Bienvenidos a la dictadura electa, algo al que ya estamos acostumbrados los británicos, pero que curiosamente, ahora mismo no tenemos. Allí, casi por primera vez en la historia, hay un gobierno de coalición.

Y ahora, ¿qué? Rajoy, a pesar de acaparar casi todo el poder institucional, lo tiene crudo. Europa está fastidiada. Lleva años siendo gobernada mayoritariamente por los suyos, y el PSOE ha perdido el poder precisamente por adoptar el tipo de políticas que gustan tanto al Partido Popular y a su principal benefectora, Angela Merkel. Unas políticas que ya se han demostrado fracasadas. Si él también fracasa y el voto popular también se fragmenta, estaremos abocados a un sistema político a la italiana. Gran parte del éxito del 'milagro económico español se debió a la estabilidad que proporcionó el bipartidismo. ¿Y si se hacen realidad los sueños de los indignados?

Un último comentario: Varios dirigentes populares nos han querido recordar que llevamos años viviendo por encima de nuestras posibilidades, y que ahora tenemos que acostumbrarnos a ser un país pobre. No es el mensaje que quería transmitir el gobierno de Aznar, el de las consignas, "España va Bien", y "Queremos ser un país serio". ¿Cómo calará entre sus votantes más fieles, los que llenan las plazas con banderas, obispos y 'viva Españas', la idea de que el futuro es ser pobre? ¿Se quejarán o se contentarán con vivir tan 'plácidamente' como en los años del Caudillo, aquellos años en los que apenas había carreteras y las mujeres llevaban velo? Sospecho que la respuesta a esa pregunta es que, en realidad, cuando sus dirigentes dicen que tenemos que acostumbrarnos a ser pobres, no se dan por aludidos. Pero los de las banderas aún no se han dado cuenta.