sábado, diciembre 31, 2011

Y con fuegos escoceses, les deseo ¡FELIZ 2012!


Ayer, día 30 de diciembre, empezaron en Edimburgo los fastos del ‘hogmanay’ escocés con el que durante cuatro días celebran la salida y la entrada de año.

Les dejo con los espectaculares fuegos artificiales de ayer y les deseo la mayor felicidad posible para 2012.


             ¡FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!





viernes, diciembre 30, 2011

Ortodoxia, ortodoxia, y más ortodoxia

«...A Rajoy no le gusta tener que incrementar la presión fiscal. Por lo tanto, [el Ministro de Hacienda], Cristóbal Montoro, tendrá que exprimir a las Comunidades Autónomas, que son responsables de la educación y la sanidad, y cuyo gasto excesivo casi seguramente impedirá que España cumpla el objetivo de reducir el déficit hasta el 6% del PIB en 2011, en línea con lo acordado con la Unión Europea. Moody’s… cree que se superará esta cifra en más de un punto porcentual. Ángel Laborda del laboratorio de ideas, Funcas, cree que la diferencia puede llegar a alcanzar una cifra más cercana al 2%.
Por cada punto porcentual con el que se superen los objetivos de déficit, habrá que reducir el gasto en 10.000 millones de euros para alcanzar el objetivo del 4,4% a finales de 2012. Incluso si se cumpliera el objetivo de 2011, todavía habría que encontrar 16.500 millones de euros de ahorro adicionales para 2012. Reducir el déficit en, digamos, 30.000 millones de euros en un año, sin aumentar los impuestos, se antoja extremadamente difícil. A modo de comparación, el plan “Salva Italia” anunciado por el nuevo Primer Ministro, Mario Monti, representa un ahorro de 30.000 millones a lo largo de tres años –aunque este país también ha anunciado otros planes paralelos de austeridad...»
The Economist, 30 de diciembre de 2011

Y unas horas más tarde…, un año y medio después de denunciar ‘el mayor ajuste de la democracia’ del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha anunciado un recorte aún mayor. Y tal y como preveía The Economist, no se limita a reducir el gasto del Estado. Además de anunciar un tijeretazo de 8.900 millones de euros, el Gobierno comunica una subida de impuestos, incluido un aumento en todas las bandas del IRPF, con el fin de recaudar 6.200 millones de euros adicionales.

De esta forma, la medicina que aplica el PP poco tiene que ver con lo anunciado cuando este partido aún se encontraba en la oposición y nos decía que reduciendo impuestos se recaudaría más al facilitar la creación de empresas y la generación de empleo. Después de reunirse con sus socios del Partido Popular Europeo, con los banqueros y con el Gobierno de Angela Merkel, Rajoy ha decidido que hay que acabar con el gasto como sea. En realidad, no debe ser ninguna sorpresa. Las declaraciones del Ministro de Economía, Luis de Guindos, en días previos al anuncio, de que España iba a empezar 2012 en recesión y de que seguiría aumentando el paro, no ofreció ninguna señal de esperanza. Si no se prevé crecimiento, la única manera de reducir el déficit es mediante la fiscalidad y los recortes.

Ya se ha demostrado que al Gobierno no le queda alternativa. Mientras en Estados Unidos optan por políticas de estímulo y de inyección de dinero en la economía, en Europa los gobiernos, mayoritariamente conservadores, han preferido aplicar políticas ortodoxas de ajuste y austeridad. El plan de Rajoy no esconde ningún misterio. Es el mismo que aplica desde hace un año y medio el Gobierno británico de David Cameron, otro país en el que las políticas de austeridad han debilitado el consumo y en el que se augura una segunda recesión en el año que está a punto de empezar.

Sin embargo, tal y como señalé en mi entrada de ayer, España no sólo requiere austeridad. Hacen falta cambios profundos en la estructura del Estado con el fin de optimizar el gasto y de garantizar que el dinero de los contribuyentes contribuya, primero, al crecimiento, y segundo, a garantizar el estado de bienestar para los que más lo necesitan. Rajoy cuenta con una inmensa mayoría en las Cortes y su partido gobierna en la mayoría de las Comunidades Autónomas. No parece que otro gobierno se vaya a encontrar en una situación tan propicia para reformar el Estado para mucho tiempo. Y es en este capítulo donde aún no sabemos nada sobre los planes del Presidente.

Para cerrar el post de hoy, me queda señalar que a pesar de su mayoría y la inusual buena disposición del resto de los grupos políticos en el Congreso a apoyar al Gobierno en las reformas, para que se mantengan estos apoyos a medio y largo plazo y para que no acabemos en un espiral de protestas ciudadanas, Mariano Rajoy debe explicar cuáles van a ser las líneas principales de su actuación en esta legislatura. Decir solamente que esto es ‘el inicio del inicio’ infunde miedo en los ciudadanos, no tranquiliza a los mercados, y es la peor estrategia para conseguir el apoyo de unos partidos cuyos militantes difícilmente querrán apoyar un aumento del IRPF y una reducción del gasto si nadie les explica el motivo o en qué se va a gastar su dinero a partir de ahora. A los inversores y las agencias de rating, les preocupa el déficit y el paro en España, sin embargo para invertir, ellos también necesitan tener la confianza de que la economía va a crecer. Si lo único que ofrece el Gobierno son recortes, no les va a infundir mucha seguridad vista la alternativa que les ofrecen las economías emergentes.

Seguimos a la espera de conocer a Mariano el estadista y de descubrir cuál es su visión para España, si es que la tiene. Por ahora, se limita a pedir confianza ciega en unas políticas económicas más que cuestionables a la luz de la experiencia de los otros países en los que ya se han aplicado. Acusó al anterior Gobierno de improvisación. Pues, ¿qué quiere ahora para España más allá de pedirnos que nos escondamos en un búnker y esperemos a que acabe el temporal?

jueves, diciembre 29, 2011

Puentes, parches y chapuzas: Los primeros días de Rajoy


Las primeras decisiones de un nuevo gobierno suelen indicar de alguna forma la dirección que tomará el resto de la legislatura. En abril de 2004, la primera medida del flamante gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero fue la de anunciar la retirada de las tropas de Iraq, una acción que sirvió para demostrar que el nuevo presidente no iba a dejarse amedrentar por las presiones externas y que cumpliría los compromisos de su programa, incluso si eso suponía enfrentarse al poderío de Estados Unidos. Fue en gran parte debido a la firmeza con la que actuó en sus primeros días, a la que después se sumarían sus apuestas por la ley de la dependencia, la de la memoria histórica y la del matrimonio gay, que sus votantes construyeron una imagen de él como hombre de principios que unos años más tarde se vería frustrada ante la realidad de la crisis mundial y la necesidad de asumir un duro ajuste que parecía contradecir los valores de los que tanto había alardeado.

Pues, tras los primeros días del Gobierno de Mariano Rajoy, ¿qué podemos decir de él? Que va a recortar aún más que su antecesor, eso ya lo sabíamos. Que ha puesto a un miembro de Opus Dei como Ministro de Interior, eso tampoco sorprende. Que su nueva Ministra de Igualdad ha decidido rebajar el término, ‘violencia machista’, a ‘violencia en el entorno familiar’, eso nos puede servir por lo menos como brújula a la hora de adivinar la dirección ideológica que tomará su gobierno en el capítulo social. Sin embargo, la primera prioridad de España y de los ciudadanos es la economía. Queremos saber qué va a hacer para estimular el crecimiento, para reducir el paro y para situar a España ‘donde se merece estar’. Y en este ámbito, ¿qué ha hecho el caimán español? Primero, nombrar como Ministro de Economía a un ex miembro del Consejo Asesor para Europa de Lehman Brothers que no fue capaz de anticipar la crisis que llevaría su empresa, y con ella el mundo financiero, a la quiebra, y segundo, anunciar que va a acabar con los puentes festivos.

Para saber el impacto de la primera medida, tendremos que esperar a conocer las primeras propuestas de Luis de Guindos, que seguramente sabremos después del Consejo de Ministros de mañana. Y respecto a la segunda, centrarse en sus primeros días en una medida tan llamativa como superficial como la de modificar el día de la semana en el que caen los festivos, desde luego, no parece indicar que la legislatura de Mariano Rajoy vaya a distinguirse precisamente por su radicalidad. La racionalización de los puentes puede ser mal visto por aquellos empleados que están acostumbrados a ser ‘premiados’ con vacaciones adicionales con tal de construir un puente o acueducto; y mejor visto por los que no –allí me incluyo– quienes tendrán un mayor número de fines de semana de tres días para disfrutar en vez de varios días sueltos entre semana. Sin embargo, poco va a convencer al 21% –y creciendo– de la población que está en paro; y además, cuando se estudia en detalle, se verá que la medida es incluso menos radical de lo que parece. Los festivos de Navidad y Año Nuevo se mantendrán en las mismas fechas, incluso cuando caen domingo; el día de la Inmaculada también,… las fiestas autonómicas seguirán siendo competencia de las CC.AA., y las municipales de los Ayuntamientos. Poco van a cambiar nuestras vidas con la primera medida de Rajoy.

Analice a fondo la iniciativa y verá que por debajo yace una típica chapuza marianista, de las que tanto estábamos acostumbrados en su época de oposición. Sin embargo, la medida se ha propuesto con el anunciado objetivo de dar un empujón a la productividad del país, y allí es precisamente donde el impacto será nulo. España tiene los menores niveles de productividad de Europa, sin embargo, esto poco tiene que ver ni con el número de festivos ni con las fechas en las que se celebran. A lo largo del año, los españoles trabajan más horas que la media europea. Más incluso que los alemanes. Pero los motivos de la falta de productividad son otros. Primero, hay una mala gestión de las empresas y de la Administración Pública, que es el principal empleador del país. Demasiadas responsabilidades están duplicadas y se dedica un excesivo esfuerzo a tareas burocráticas innecesarias. En segundo lugar, el tejido empresarial español consiste principalmente en empresas de uno o dos empleados, una realidad que por definición crea grandes ineficiencias e imposibilita la especialización. En una gran empresa británica o norteamericana de varios miles de empleados, se les puede asignar a los trabajadores tareas muy específicas que con el tiempo aprenderán a realizar con creciente eficiencia y agilidad. En España, en cambio, se tiende más hacia la contratación de empleados multitarea, que es muy bueno para alguien que acaba de empezar y que quiere ganar amplia experiencia, pero a la larga se convierte en un estorbo no sólo para la productividad sino también para el crecimiento profesional.

Me atrevería a sugerir que esa falta de especialización es uno de los principales motivos por los cuales hay tanto paro estructural en el país. Si ya de por si es difícil contratar a jóvenes, cuando los trabajadores llegan a una determinada edad dejan de ser ‘interesantes’ para las empresas, que prefieren sustituirlos por otros más baratos, aunque sea a coste de la calidad. Sin embargo, ni eso lo pueden hacer debido a la inflexibilidad del mercado laboral.

En cambio, en economías de escala la profesionalización permite que, a medida que avancen en su carrera profesional, los trabajadores se especializan más, adquieren cada vez mayores capacidades en su área y ganan valor en el mercado laboral. Las empresas no quieren prescindir de ellos por los conocimientos que aportan, que en muchos casos son insustituibles, y por pura lógica del mercado mejoran su retribución salarial.

Consecuencia de la pequeña escala y la falta de visión empresarial en las empresas españolas, la economía tiene graves carencias a nivel de innovación y priman sectores como el inmobiliario que requieren una gran cantidad de mano de obra precaria y de escasa calificación profesional. La situación nos condena a ser un país de segunda, incapaz de competir con economías del conocimiento como el Reino Unido, Francia, Alemania o Estados Unidos. En este aspecto, ni siquiera Italia tiene los mismos problemas que España gracias a la fortaleza de sectores artesanales en los que abundan las empresas familiares en las que los conocimientos pasan de una a otra generación. En España nos falta ese tejido social pero no acabamos de dar el salto hacia un modelo posindustrial.

Son problemas serios que requieren respuestas serias, sin embargo, si Rajoy de verdad cree que cambiando los puentes va a solucionar los problemas del país, será la mejor prueba de que va a gobernar de la misma forma con la que lideró la oposición. Con parches y chapuzas, a la espera de que cambie el viento económico y regresemos al modelo económico aznarino, es decir, el del ladrillo. Espero equivocarme. Son todavía los primeros días y es pronto para juzgarle. Espero que esta vez no sean el mejor indicio de lo que está por venir. Eso ya lo veremos.

miércoles, diciembre 28, 2011

"Los ricos NO generan empleo"


El aumento de la presión fiscal a los más ricos no destruirá empleo, en contra de las hipótesis de los políticos y economistas conservadores. Así opina Henry Blodget en un artículo reciente de Business Insider. Parece una obviedad pero últimamente muchos quieren hacernos olvidar que el principal sostento de la economía de un país no son las clases altas sino las medias, que son los que en su conjunto más consumen. El periodista cita al fundador de la empresa de marketing online, aQuantative, Nick Hanauer, quien afirma que los ricos no crean empleo, incluso cuando construyen empresas en las que trabajan miles de personas.

Blodget explica esta teoría mediante la metáfora de alguien que planta una semilla para que crezca un árbol. La semilla no crea el árbol. Para que el árbol crezca hace falta una combinación de otros factores, como tierra, luz, agua, aire, nutrientes, etc. De la misma forma, cuando alguien tiene la idea de montar una empresa no es la idea en sí que genera beneficios, sino la demanda de los consumidores. No quiere decir esto que los ricos no consuman, pero la realidad es que una persona como el propio Hanauer, que gana 9 millones de dólares al año, no gasta tanto como gastarían varios miles de familias si entre ellas se repartiera la misma cantidad de dinero de forma más equitativa. La mayor parte del dinero que gana Hanauer va directo al banco como ahorro e inversión, por lo que un aumento de sus impuestos en un 5 o un 10% tendría escasa incidencia en su nivel de consumo.

La opinión de Blodget y de Hanauer ha recibido sus críticas, por ejemplo, en un artículo de S. McCoy publicado ayer en Cotizalia, quien afirma que en realidad son los empresarios innovadores, como era el caso de Steve Jobs, quienes crean un mercado y llevan a las clases medias a consumir. Sin embargo, si se exprime aún más a las clases medias, le pido a McCoy que me explique con qué dinero estas van a consumir y qué ideas se van a ocurrir a los grandes emprendedores si no hay un mercado en el que puedan rentabilizar sus ideas. Ofrezco el ejemplo de Internet. Miles de empresas online buscan nuevas formas para monetizar algunas de las ideas más geniales que se han inventado. Para encontrar ejemplos no hay que ir más lejos que Facebook o Twitter. De momento, la mejor forma que han encontrado de rentabilizar estos productos es la publicidad. Sin embargo, no parece que los usuarios, por ahora, estén muy atentos a los reclamos de los publicistas. No tienen dinero que gastar y prefieren centrarse en lo gratuito. Pues, hasta que no mejore el poder adquisitivo del ciudadano medio, va a ser cada vez más difícil alcanzar este objetivo, y tarde o temprano estallará una nueva burbuja de los punto com. Por muchas semillas que se planten, el dinero no crece en los árboles.

Digan lo que digan los que intenten justificar los altos sueldos de unos pocos, la realidad es que en la situación económica actual, aumentar la presión fiscal a las clases medias tendrá un grave impacto en la demanda global y agravará la recesión económica. Parece razonable que si los gobiernos quieren recuperar el crecimiento, su mejor apuesta sería intentar reducir esa presión y crear incentivos para que cada vez más personas den el paso hacia la creación de nuevas empresas. ¿No tienen la mayoría de los emprendedores su origen en las clases medias o bajas? Pues, no veo cómo vamos a generar más empresas y empleo si no ponemos los medios para mantener la movilidad social y empresarial. Y si de paso aumentamos los impuestos a los ricos y priorizamos el gasto en mantener el estado de bienestar –el principal sostento de las clases medias en vez de invertir todo nuestro dinero en el estado policial con el fin de reprimir a los, cada vez más, indignados (es decir, a nosotros mismos), podría ser un primer paso hacia la recuperación.

Europa ya no es la tierra prometida


Cada día se repite. Se proliferan en los medios españoles blogs en los que los ciudadanos comparten sus experiencias de emigrar y ofrecen consejos a otros que se plantean dar el salto. En apenas 15 años, España ha cerrado el círculo completo. El milagro económico transformó un país de emigración en una de inmigración, y ahora con la crisis, otra vez el viaje se revierte. Historias hay miles. El país no logra dar respuesta a las inquietudes de los jóvenes quienes terminan buscando oportunidades en otras partes del mundo.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el principal destino es el Reino Unido (4.004 españoles en 2010), seguido por Francia (3.561) y después Estados Unidos (2.988) y Alemania (2.198). Curiosamente, a estos países les sigue Latinoamérica, principalmente Argentina (1.995), Ecuador (1.995) y Venezuela (1.798), sin embargo, esto seguramente se debe más al retorno de ciudadanos de estos países que a la emigración de personas nacidas en España. Lo que está claro, de todas formas, es que se ha dado la vuelta a la tortilla y los inmigrantes en España empiezan a despertarse del sueño y a buscar otro futuro allende mares. Y muchos españoles les siguen.

Recuerdo mi primer año en la universidad en Inglaterra, allá por 1996, cuando empezó la crisis asiática y en los medios se hablaba del éxodo de japoneses y surcoreanos que buscaban su futuro en Europa; después, mi segundo año en España, en 2001, el corralito en Argentina y el auge del uso del voseo en las calles madrileñas. Ahora, en cambio, son ciudadanos españoles de mi edad (de entre 32 y 36 años) los que abandonan su patria en busca la tierra prometida.

Es pronto para saber hasta cuando se mantendrá la tendencia, sin embargo, una cosa está clara y es que por primera vez en las vidas de los que nacimos en Europa en tiempos de democracia y paz, hemos perdido esa sensación de seguridad que nos transmitía el creer que por fortuna vivíamos en un continente rico y estable en el que los grandes movimientos migratorios eran ajenos a nosotros. Por primera vez entendemos algo mejor lo que significa dejar tu tierra y tu familia para poder seguir adelante. Desde luego, no es la primera vez que ocurra pero nuestra memoria es corta y sólo ahora nos damos cuenta de que la historia sigue el mismo camino cíclico que en siglos pasados. Quizás así aprendamos a ser más solidarios. A fin de cuentas, todos habitamos en la misma tierra, con el mismo sistema económico, y nuestro bienestar empieza a ser tan volátil como el de cualquier otro.

lunes, diciembre 26, 2011

Ni en Navidad paran las rotativas



La tradición de no publicar los diarios el día 25 de diciembre tiene los días contados. La proliferación de los libros electrónicos está llevando a los periódicos a publicar una edición digital el día de la Navidad con el fin de asegurar que todos los días del año los suscriptores tengan algo para leer.

Sin embargo, la oferta informativa, incluso el día 26, es más bien escasa. Leyendo The Guardian en mi Kindle camino de la oficina esta mañana, el único artículo que podía definir como noticia era la que informó de que Brasil finalmente ha superado al Reino Unido como sexta economía mundial. El resto de los contenidos fueron noticias recicladas con la excusa de hacer un ‘resumen del año’, reportajes de poca monta sobre las costumbres navideñas y concursos para los lectores para ver cuánta información inútil han podido acumular dentro de sus cabezas a lo largo de los últimos 12 meses.

Mantenernos al tanto de todo lo que ocurre en el mundo durante 364 días del año ya supone de por sí bastante esfuerzo vista la enorme cantidad de contenidos con los que los medios nos saturan de la mañana a la noche. Pues, tener un día libre en el que podemos dejar la actualidad de un lado y releer un cuento de Borges, de Kafka o de Joyce es uno de los pocos lujos que se mantienen en este mundo acelerado en el que vivimos.

Los periodistas –o por lo menos la mayoría de ellos– están de vacaciones de manera que la mayor parte de la cobertura estos días tiene toda la pinta de haber sido redactada hace semanas. ¿No sería, por tanto, razonable dar también un descanso a los subeditores y a los diseñadores y dejarles disfrutar con sus familias como todos los demás? A fin de cuentas, salvando sucesos de fuerza mayor, la única actualidad del día de la Navidad la generamos nosotros mismos en nuestras casas con nuestras familias, o en algunos casos, solos en el parque. Para todo lo demás, siempre nos queda mañana.

domingo, diciembre 25, 2011

El Reino Unido acaba en Londres


Después del debacle de David Cameron en la Cumbre Europea, el debate sobre el futuro de Escocia está en boca de todos. Es uno de esos temas que, al igual que el cambio de hora en invierno o la reforma del sistema electoral, vuelven a la superficie cada cierto tiempo; que a todo el mundo le gusta discutir pero que, por pura inercia británica, siempre se quedan en agua de borrajas. Y es que, no sé si por su naturaleza conservadora o simplemente por su falta de sintonía con el ciudadano común, a los políticos y los medios de comunicación británicos les encanta exprimir temas que no preocupan en absoluto a la mayoría de los votantes, o por lo menos a aquellos pocos electores en circunscripciones clave que son capaces de facilitar la alternancia en unas elecciones generales.

Aceptémoslo, dentro del esquema de las cosas en la política y la economía británicas, Escocia tiene escasa relevancia. Las grandes industrias que hace años servían como locomotoras para la economía del país se han traslado a Alemania o a China; el sector servicios está concentrado principalmente en Londres, expandiéndose por todo el sureste del país; y todas las decisiones políticas de trascendencia internacional se toman en el Parlamento de Westminster. En este contexto, los debates existenciales de los escoceses apenas se registran en el radar del ciudadano británico medio. Sin embargo, nuestra cabezonería no nos permite pasar página y centrarnos en otra propuesta alternativa que no sólo tendría un impacto positivo en la vida de la gente sino supondría la mayor transformación de la estructura política y social del país desde el siglo XVII: la independencia de Londres.

Es innegable que la mayor brecha social y cultural en el Reino Unido no es entre ingleses y escoceses, o siquiera entre galeses y norirlandeses; sino entre londinenses y los demás habitantes de las Islas. Londres se ha consolidado en los últimos años en el gran centro financiero europeo; su City en un paraíso financiero dentro de un Estado, una especie de Vaticano con diseño calvinista. Se toman decisiones políticas de tal calibre como la continuidad del país dentro de la Unión Europea en función de los intereses de los banqueros sin atender ninguna de las demandas de una industria manufacturera que hace no muchos años componía el tejido social de todo el norte de Inglaterra.

También a nivel político, entre los habitantes de Londres y los del resto del país hay un trecho. En la mayoría de las elecciones los londinenses ocupan posiciones más a la izquierda que las de sus vecinos de provincias, e incluso de algunas de las llamadas ‘democracias sociales’ europeas. Cuando los provincianos visitan Londres, tal es su asombro por la diversidad étnica y cultural de la capital, que creen que han llegado a otro país, o tal vez, a otro planeta. Hasta la mismísima Reina se encuentra mejor visitando un pub en un pueblo rural de Gloucestershire o el palacio de Balmoral (Escocia) que en su residencia londinense.

Pues, allí tenemos el mejor argumento a favor de la secesión de Londres del Reino Unido. Una vez eliminado el principal factor desequilibrador de la sociedad británica, la Inglaterra profunda seguramente descubriría que tiene mucho más en común con los escoceses que con los londinenses. Hasta podrían llegar a la conclusión, con la complicidad de la familia real, de que el mejor sitio para mantener su capital no es Birmingham o Manchester sino Edimburgo. Isabel II, desde luego, se sentiría más cómoda allí y el príncipe Carlos, por su parte, podría andar en falda sin que a nadie le llamara la atención. Sería un final feliz para un reino que se formó en 1603 con un acuerdo que permitió que un rey escocés se convirtiera también en rey inglés. Y un Londres independiente podría decidir libremente si quiere acercarse a Europa, aunque sea como Región Administrativa Especial, según las mismas líneas que marcan la relación entre China y Hong Kong, o si prefiere consolidarse como Jersey a lo grande.

sábado, diciembre 24, 2011

La Navidad cae domingo ó Trabajar cuando nadie produce

Es el festival cristiano más importante del año después de Semana Santa. Para muchos negocios es de los pocos días del año -los cuales se pueden contar con los dedos de una mano- en los que cierran completamente sus puertas. Sin embargo, este año cae domingo y, por tanto, para la mayoría de los trabajadores españoles es un fin de semana más.

En casi todo el mundo, la semana que viene será la más improductiva del año, sin embargo, a partir del lunes, millones de españoles estarán en sus oficinas calentando sus sillas sin poder vender nada porque sus clientes están de vacaciones. En cambio, hace apenas tres semanas los mismos profesionales abandonaron sus puestos para disfrutar de un ‘macro puente’ mientras en el resto del mundo se seguía trabajando y las bolsas operaban a pleno rendimiento.

Para algunos se trata sólo de una de esas idiosincrasias culturales que justifican el eslogan, ‘Spain is different’, y que, por tanto, hay que asumir de la misma forma con la que asumimos que en España los que dan los regalos a los niños son los Reyes Magos y no Papá Noel. ¿No nos han quitado ya suficiente soberanía como para que ahora vengan diciendo cómo debemos celebrar la Navidad? Para otros, sobre todo los que venimos de fuera, o para los españoles que tienen parientes en otros países del mundo, supone un gran inconveniente que justo los días en los que en todo el mundo cristiano las familias se reencuentran e intercambian regalos y abrazos, no hay ningún día festivo entre semana que haga más factible realizar el viaje.

A petición del CEOE, el nuevo Gobierno se ha propuesto racionalizar los festivos para acabar con los largos puentes, sin embargo, de momento no se plantea modificar la tradición con la que cuando Navidad cae domingo, la fiesta no se pasa al lunes, algo que sí ocurre, por ejemplo, el 1 de Mayo o el Día de la Hispanidad, ambas fiestas importantes pero de menor trascendencia cultural e histórica que la fecha en la que se celebra el nacimiento de Jesús Cristo.

El cambio propuesto viene impulsado por la hegemonía de la cultura protestante en la actual Unión Europea. En los países anglosajones los días libres se llaman, ‘public holidays’, en cambio, en Francia, España o Italia, no son vacaciones sino fiestas, en su mayor parte religiosas. En España, en particular, gracias al concordat con el Vaticano, la Navidad es una fiesta inamovible y no necesariamente un pretexto para irse de vacaciones un fin de semana largo.

Las diferencias enriquecen y por ello no me agrada el actual clima en el que en vez de celebrar la diversidad, preferimos clasificar las tradiciones según una escala de 1 a 10, con la cual en la mayoría de los casos la cultura protestante se valora como la más lógica, racional, y por tanto, la que todos debemos asumir para promover la santa convergencia. Sin embargo, creo que para una fiesta tan importante en el calendario católico y cristiano como el día de la Navidad, no estaría de más asegurar que caiga por lo menos un día festivo entre semana, aunque sea a expensas de perder algún otro puente en fechas menos señaladas. Sin ir más lejos, este año en Madrid hemos disfrutado de un fin de semana largo por el puente de Santa María la Cabeza y hemos celebrado la fiesta de Corpus para compensar la circunstancia de que la de San Isidro -15 de mayo- cayera domingo. Pues, ¿no hubiera sido mejor pasar una de estas fiestas al lunes, 26 de diciembre, un día en el que encontraríamos más razones para compartir en familia?

Un Gobierno que alardea de defender la familia, por muy estrecha y caduca que sea su visión de dicha institución, haría bien en plantear la posibilidad de diseñar el calendario laboral de manera que podamos celebrar ‘como Dios manda’ las fiestas más importantes en el calendario europeo. Y, sin duda, también traería importantes beneficios para la productividad. No en vano, quizás sea una de las pocas propuestas en las que tanto católicos como protestantes pueden estar de acuerdo.

viernes, diciembre 23, 2011

Un mensaje de Navidad. ¡Felices fiestas para todos!



Esta Navidad mucha gente piensa que nos esperan tiempos peores, pero no todo el mundo cree que les vaya a afectar de igual manera. Incluso hay algunos que creen que si hacen las cosas bien, pueden aprovecharse de la coyuntura y mejorarse a costa de los demás.

Sin embargo, más allá de lo que nos espere en el plano político o económico, una cosa que no va a cambiar es la humanidad esencial de todas las personas que tengo la suerte de poder llamar mis amigos. Las cosas pueden ir mejor o peor pero sé que ellos siempre estarán allí para dar apoyos, echarse unas risas y para compartir los mejores –y los peores– momentos, porque a lo largo de la historia se ha demostrado que nos pueden quitar de todo pero al fin y al cabo los que terminan siendo más pobres son ellos. Y no nos olvidemos nunca que mal que lo pasemos, otros lo estarán pasando peor y sin las mismas oportunidades para desahogarse a través de los blogs y las redes sociales.

Agradezco a mis lectores haber tenido la paciencia para seguirme y para intentar dar sentido a las palabras que escribo. De igual modo, os deseo a todos lo mejor para esta Navidad y para el año 2012, y que todos seamos un poquito más ricos cada día aunque la cuenta bancaria no dé testimonio de él.

Y ante todo, sigamos inventando cosas. La creatividad es el recurso más sostenible que tenemos. Su potencial no tiene límites y es justo ahora que más la tenemos que aprovechar, para el bien de nosotros y de los que necesitan nuestro apoyo. Por tanto, espero que cada día sea un nuevo despertar, un nuevo nacimiento, una nueva idea, un nuevo proyecto. ¡MUCHOS ÁNIMOS A TODOS! Mientras tanto, sigamos por aquí, contando cosas y compartiendo.

jueves, diciembre 22, 2011

En defensa de Lucía Etxebarría

Me resulta indignante el acoso al que los internautas están sometiendo a la escritora, Lucía Etxebarría desde que el pasado domingo ésta anunciara que dejaría de escribir como una manera de protestar contra la piratería.

El cinismo generalizado entre los consumidores de nuestro país ha llegado a tal extremo que resulta casi imposible que un creativo diga nada sin que se lo interprete como una campaña de publicidad. Puede que sea así, sin embargo, en este caso, por poco o mucho que se valore el trabajo de la autora, la situación que ha motivado su protesta es más que legítima.

Por supuesto, el objetivo de esta entrada de blog no es transmitir pena por la situación de una escritora determinada, que además ha ganado diversos premios que le han aportado unos ingresos envidiables, y que por tanto, no se puede utilizar como ejemplo para ilustrar el impacto negativo de la piratería en la industria creativa de nuestro país. Tampoco pretendo obviar el esfuerzo de la gran mayoría de escritores que se dejan la piel por ser creativos sin tener como máxima prioridad obtener una remuneración económica. El impulso de escribir es eso, ni más ni menos. Es una verdadera pasión que no se vende. El deseo de escribir recorre las venas de cualquier escritor y la falta de recursos económicos no supuso ningún impedimento para el trabajo de los autores más grandes de nuestra historia. Sin embargo, de algo tienen que vivir.

Todos los que escriben lo hacen en primer lugar porque lo quieren y estoy seguro de que, siempre que se aprecie, Lucía Etxebarría seguirá escribiendo aunque no pretenda que tenga un final lucrativo. Seguramente, gracias a su reconocimiento público tendrá miles de oportunidades para ganar dinero en otros ámbitos y para eso le deseo suerte.

Sin embargo, últimamente hay una creciente tendencia en este país hacia el desprecio a cualquier persona exitosa, y más cuando ganan el dinero en áreas como la literatura, el arte, el cine o la música. Vivimos en un país de más de cinco millones de parados en el que uno de los principios escollos es la falta de espíritu emprendedor. Todos queremos ser, ante todo, funcionarios y en el peor de los casos empleados, pero pocos estamos dispuestos a coger el toro por los cuernos y buscarnos la vida de forma autónoma. Y si otros lo consiguen son blancos de toda la envidia, desprecio y odio que somos capaces de reunir.

Muchos de los comentarios que se han publicado en Twitter o en Facebook son de personas que se quejan de que si tuviesen que pagar por la literatura no se lo podrían permitir. Pues, si es así, estos deben luchar no contra los creadores sino contra los gobiernos que nos cierran cada vez más bibliotecas, nos cobran el acceso a los museos y ponen toda suerte de trabas al ejercicio de las profesiones creativas. Muy útil me parece votar a un gobierno neocon para luego echar la culpa a los escritores por toda la desigualdad de este mundo. Si de verdad creen que quitando el pan a los escritores van a tener mayor acceso la literatura, deben saber que lo único que van a conseguir es ahogar todo un sector en un mundo en el que, por muy romántico que seas, la gran mayoría de los creativos tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes.

No puedo, por tanto, hacer más que agradecer que una de las escritoras que menos necesitan obtener mayores ingresos de su trabajo aproveche su visibilidad pública para defender una profesión que está en horas muy bajas. Y por muy fácil que sea juzgarle, criticar su calidad de escritora, asombrarse por el interés que demuestra por el dinero alguien que supuestamente trabaja ‘por amor al arte’, no me parece que estemos haciendo ningún favor ni para los trabajadores de la cultura en su conjunto, ni para el país, ni para nuestra propia dignidad como seres humanos.

Para terminar, quería comentar que ayer leí un artículo en The Guardian en el que se llegó a afirmar que los trabajadores tienen cada vez menos libertad para ser creativos. Parece que en un futuro próximo el 85% de los empleados trabajarán para call centers, tiendas de comida basura o en otras franquicias en las que todas las decisiones se toman a miles de kilómetros de distancia. Pues, si queda aunque sea una sola profesión en la que siga siendo necesario pensar, más vale hacer el mínimo de esfuerzo para defenderla.

miércoles, diciembre 21, 2011

Silvio Rodríguez - El Reparador de Sueños

Una canción a mitad de semana.

Siempre llega...


martes, diciembre 20, 2011

La otra América


Cada 12 de octubre celebramos el mal llamado ‘descubrimiento’ de América, sin embargo, ¡cuánto nos queda por descubrir sobre los países que se encuentran al sur del Río Grande!

La información que nos llega a Europa sobre Latinoamérica es muy limitada y no suele ir más allá de los tópicos o de una mirada superficial que se alimenta principalmente de la imagen proyectada por los grandes grupos mediáticos de la región, casi siempre parcial y en muchos casos claramente sesgada. Quizás por ello no sea de extrañar, aunque a mí me extraña mucho, que siga habiendo mucha gente en nuestro país –en todos los niveles socioculturales– que habla de Sudamérica para referirse a cualquier país al sur de Estados Unidos. Sin embargo, en un mundo globalizado, en el que hay cada vez menos diferencias entre los problemas que padecemos los habitantes de los distintos países del mundo, sería útil poder aprovechar nuestra proximidad cultural con América Latina para poder sacar lecciones sobre su realidad que sirvan para entender mejor la nuestra.

Para empezar, me parece un grave error referirse a América Latina, como lo hacen tantos medios españoles y europeos, como una región homogénea. Uno de los tópicos más habituales hoy en día es el que contrasta la situación de crisis que estamos viviendo en Europa con el supuesto auge de las economías emergentes en Iberoamérica. Sólo hoy he leído un artículo en El País titulado ‘América Latina como solución’, en el que no se ofrece ningún ejemplo concreto salvo la experiencia de Chile, como si el caso del país más europeizado del continente a nivel económico fuera extensible a toda la región. Sólo hay que comparar a Hugo Chávez con Cristina Fernández de Kirchner; Sebastián Piñera con Evo Morales; José Mujica con Juan Manuel Santos o Ollanta Humala con Felipe Calderón para ver que Latinoamérica no ofrece sólo una solución sino varias, casi todas las cuales incluyen algún elemento de esperanza, pero ninguna sin su cara oscura.

Entender por lo menos algo sobre las diferencias en las estructuras sociopolíticas de los países de la región es fundamental para poder analizar o interpretar cualquier noticia de actualidad. Desde luego, no es de recibo que un medio como ABC publique una noticia sobre el actual conflicto entre el Gobierno argentino y los dos principales periódicos del país por la propiedad de la principal productora de papel prensa sin ir más allá de los argumentos expuestos en los editoriales de estos dos medios. El País por lo menos nos ofrece una información más amplia y objetiva, sin embargo, el verbo elegido en el titular, ‘El Gobierno argentino crea una ley para controlar el papel prensa’ claramente insinúa que el ejecutivo de Kirchner tiene el objetivo de reducir la libertad de determinados medios de comunicación. Constatación esta que aún pudiendo ser una posibilidad, debe ser contrastada con datos sobre la hegemonía de los periódicos, Clarín y La Nación, y sobre el poder que estos dos grupos han ejercido a lo largo de la historia reciente del país. En este caso concreto, de los medios europeos que he consultado sólo Deutsche Welle nos ofrece un artículo realmente equilibrado en el que se incluye la declaración de un académico, en este caso del Instituto Alemán de Estudios Globales y de Área, que es lo más cercano que he encontrado a una fuente creíble. Llama la atención que el mencionado académico no es capaz de ofrecer una respuesta firme sobre el tema, porque como suele ser el caso en Argentina, la verdad tiene muchas caras, pero sí por lo menos nos aporta información de utilidad que nos permite sacar nuestras propias conclusiones.

La mirada simplista que la mayoría de nuestros medios nos ofrecen de la actualidad de América Latina, sin embargo, nos lleva a conclusiones tan obtusas como que el actual éxito económico de numerosos países latinoamericanos es prueba de que han aprendido todas las lecciones del pasado y de que han encontrado un modelo de crecimiento sostenible. Una tribuna publicada hoy por el periodista y escritor argentino, Miguel Bonasso, en The Guardian, nos ofrece una perspectiva que si bien no aporta nada nuevo a los que seguimos habitualmente la actualidad de su país, por lo menos nos proporciona una crítica incisiva sobre estos postulados y argumenta que el actual crecimiento es, como siempre ha sido, pan para hoy y hambre para mañana.

Allí, tal vez, sí podemos aprender una lección. Lo que en España se llama ‘ladrillo’, en Latinoamérica se llaman ‘materias primas’. Proporcionan mucha riqueza y empleo a corto plazo, pero si no se adoptan medidas para promover la investigación y un desarrollo más sostenible, más pronto que tarde acabarán con todos los recursos de la región. Y allí no sólo me refiero a Argentina, ni siquiera a América Latina. Es una lección para toda la humanidad y si el amplio despliegue de corresponsales de nuestros grandes periódicos fueran capaces de entrar en mayor profundidad sobre esta realidad perturbadora, seguramente volveríamos más conscientes de los retos que nos esperan y que nuestros políticos tampoco están en posición de asumir.

Brindis escocés para la UE

Después de que el premier conservador británico David Cameron se desentendió de la moneda común, los escoceses piensan ya en un futuro nacional por fuera del Reino Unido. 

Adjunto enlace a la versión completa de mi artículo, publicado hoy en Tiempo Argentino.

lunes, diciembre 19, 2011

10 motivos para preocuparse


  1. El gobierno británico ha desarrollado un plan de contingencia para evacuar a miles de sus ciudadanos de España y Portugal ante un eventual colapso del sistema bancario en alguno de los dos países.
  2. Estados Unidos teme una conflagración bélica en Asia tras la muerte del ‘querido líder’ de Corea del Norte, Kim Jong-il. 
  3. El Presidente del Gobierno in pectore ha reconocido que a los españoles les esperan tiempos duros 
  4. Moody’s ha bajado dos peldaños la calificación de la deuda belga
  5. Dominique Strauss-Kahn ha afirmado en Pekín que el euro está “a punto de hundirse”
  6. Standard & Poors ha bajado la calificación de la deuda valenciana a BBB tras cubrir sólo 59% de una emisión de bonos. Por su parte, Fitch amenaza con volver a bajar la nota del conjunto de España
  7. La Comunidad de Madrid ve la cosa tan negra que no ve otra solución que emborracharse
  8. Quedan cinco días para la navidad y aún te falta comprar los regalos. 
  9. Un príncipe de Arabia Saudí invierte 230 millones en Twitter
  10. Continúa la deforestación de la Amazonía.
De todas formas, si nos preocupamos nos paralizamos. Me voy a dormir, y mañana, a levantar el país.

domingo, diciembre 18, 2011

‘La incondicionalidad se ha convertido en dogma’


Lo afirma hoy un artículo de opinión del diario argentino, La Nación, en relación a la supuesta ausencia de sentido de autocrítica dentro del kirchnerismo, sin embargo, es en absoluto un fenómeno exclusivo. Desde que el ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pronunciara esa temible frase, ‘o estás con nosotros o contra nosotros’, y el español, José María Aznar, la repitiera hasta la saciedad para defender su apoyo sin fisuras a la hegemonía norteamericana, no se admiten medias tintas en el discurso político.

El sistema electoral español, que se basa en listas cerradas y con el que los diputados son meros votantes pasivos a disposición de los respectivos líderes de partido, no admite ni un atisbo de debate una vez que los ciudadanos han emitido su veredicto en las urnas. En el Reino Unido, el liberal demócrata, Nick Clegg, creía que para formar parte de un gobierno de coalición con los conservadores su apoyo también tenía que ser incondicional, incluso cuando las decisiones contradijeran claramente su propio programa electoral. Sólo ahora empieza a dudar de si de verdad se trata de la mejor política ahora que se evapora el apoyo a un partido que nadie sabe qué valores representa.

La autocrítica es una estrategia arriesgada a corto plazo. Los partidos políticos funcionan como empresas. Tienen sus propias políticas de comunicación y sólo pueden hablar a los medios los portavoces designados para opinar sobre cada tema. El que emita una nota discorde pronto será clasificado como ‘rebelde’, ‘disidente’, o en el mejor de los casos un ‘verso suelto’. Lo mejor es no hacer mucho ruido y esperar que el líder le premie con una promoción.

Una de las ventajas de estudiar la actualidad política en sociedades ajenas es la mayor capacidad de observarla de manera objetiva. No hay que vivir la realidad en primera persona. Uno puede sentir un gran interés o preocupación, pero no con la misma pasión del que habita allí y, desde luego, sin los prejuicios que uno va creando a medida que va estableciendo una conexión más fuerte con el país. En cambio, cuando pasas un tiempo extendido en el extranjero es casi inevitable que con el tiempo te irás poniendo etiquetas, te identificarás cada vez más con una u otra banda, empezarás a leer con mayor asiduidad determinados periódicos porque crees que coinciden más con tu forma de pensar. Poco a poco, se te nublará la vista y en los tiempos que corren lo más probable es que también te vuelvas incondicional.

Sin embargo, el riesgo de la incondicionalidad es que más pronto que tarde aparecen grietas en el discurso del dirigente que tanto has apoyado y llega el momento de explicar por qué antes estabas de acuerdo y ahora no. En definitiva, vas perdiendo credibilidad. Te conviertes en ‘oportunista’, en ‘chaquetero’.

Forma parte de la naturaleza humana. Ese instinto tribal que nos conduce a establecer vínculos con un grupo que nos protege contra un enemigo imaginado. Pero los enemigos imaginarios acaban transformándose en enemigos reales y la protección de un líder tribal que sólo conoce la adulación ofrece una falsa seguridad. Su incapacidad de escuchar las críticas terminará por conducir a todo el grupo hasta el precipicio.

Hoy por hoy la crítica requiere gran valor, sin embargo, es cada vez más necesario para alejarnos del precipicio que está cada vez más cerca. Hace falta que los seres pensantes recuperen su autonomía y su coherencia intelectual. Con este fin debemos huir de los movimientos políticos cuasi religiosos e intentar que los dirigentes nos vuelvan a escuchar en vez de sólo imponer. Todos los políticos cometen errores. Los mejores son los que aciertan en las cosas más importantes y la crítica constructiva seguramente les ayudará a conseguirlo.