martes, junio 19, 2012

Algunos apuntes sobre las perspectivas para la economía española


Los inversores no invierten en nuestro país, pase lo que pase, porque dudan de que el euro sobreviva y no quieren que sus inversiones se conviertan en pesetas. Y allí no se puede culpar a los capitalistas y especuladores, si hasta los propios españoles -los que tienen ahorros- están haciendo todo lo que puedan para enviar su dinero a Alemania. Por tanto, recorten lo que recorten, tendrán que seguir recortando y sin solucionar nada. Seguirá aumentando la deuda, el desempleo,…, y estaremos cada vez más arruinados.

Sólo tenemos, por tanto, dos alternativas:
  1. La UE decide por una vez que vamos a crear una gran unión política y financiera sólida y capaz de garantizar la continuidad del euro, con lo cual los países periféricos tendrán que adaptar sus políticas: salarios, vacaciones, seguridad social, etc. a las de los países del centro y asumir las consecuencias.
  2. Salimos del euro ya y tragamos: Empobrecimiento de la población, incapacidad de comprar nuevas infraestructuras o mantener las existentes, falta de medicamentos, etc., pero a largo plazo cierto crecimiento y recuperación, y sobre todo inversiones, porque los capitalistas verán una gran oportunidad en la nueva peseta devaluada.

La primera opción no es viable porque la estructura de la Unión Europea de 27 no permite tomar decisiones. La segunda opción tampoco va a ocurrir a corto plazo, porque tenemos un Presidente del Gobierno que no toma decisiones sino espera que las cosas se resuelvan solas mientras se fuma un puro y ve el fútbol.

CONCLUSIONES
  1. Los inversores y compradores de bonos no son tontos.
  2. Esta crisis no es una crisis de España sino de la Unión Europea.
  3. La Unión Europea tiene las mismas capacidades para resolver la crisis que tenían los romanos cuando descubrieron que ya no les servía el ábaco, y que escribir I, II, III, IV, V… era demasiado complicado.
  4. El modelo actual –y lo dice alguien que siempre ha sido pro-europeo- está abocado al fracaso y no se buscarán soluciones hasta que no se haya consumado el desastre que ya es inevitable.

Una vez que el desastre se consume, y pasado un tiempo, se podrá volver a valorar si es posible tener una unión, por ejemplo, entre Francia, Alemania, Bélgica, y Holanda. Por nuestra parte, podríamos valorar juntarnos con Portugal y con Italia, dos países con bastante afinidad cultural y económica. Los países escandinavos, por supuesto, irán por su cuenta. El Reino Unido irá flotando por el Atlántico mientras busca reforzar sus antiguos lazos con el Commonwealth. Y los del Centro y el Este de Europa, bueno, siempre les quedará hacer las paces con Rusia.

A veces para saber qué funciona, conviene ver cómo se hacen las cosas en las empresas. Lo normal es que éstas tienen un director comercial para el Reino Unido, otro para los países nórdicos, que a veces se extiende a Benelux, otro para el sur de Europa, que a veces incluye Francia y otras veces no, y otro para Alemania o, en su caso, Alemania y Francia. Intentar unir todas esas regiones en una es un proyecto bastante arriesgado para las empresas, y cada día estoy más convencido de que ha sido una locura intentarlo a nivel de los estados.

Pero ya es tarde para intentar hacer parches. De momento, lo único que podemos hacer es esperar, tomarnos un fino con el Presidente del Gobierno, disfrutar de los partidos de la Eurocopa, mirar como los problemas se solucionan por si solos… y antes que nada, acaso llenar el almacén de productos no perecederos, que la lucha se prevé dura.

Un apunte final: Creo que los latinoamericanos han aprendido esta lección y no cometerán los mismos errores que cometimos nosotros en Europa durante los últimos 50 años.

jueves, junio 07, 2012

El nomadismo postmoderno


La libertad de movimiento – “El derecho de toda persona a moverse libremente por el mundo, ya sea dentro de un país o de un país a otro. Está reconocido parcialmente en el artículo 13º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos". (Wikipedia)

Miren como los señores del mundo capitalista sacan términos del léxico de los derechos humanos para justificar un proyecto económico que si bien funciona en teoría, empieza a demostrar tremendas flaquezas en su ejercicio práctico.

Ahora nos dicen –lo vienen diciendo desde hace años en las páginas de sus biblias ideológicas, El Economista siendo uno de sus máximos referentes- que el capitalismo liberal sólo puede funcionar si además de la libre circulación de capitales, se permite la libre circulación de personas. Es decir, si su modelo deja países y regiones enteras en un estado de devastación y de quiebra económica, el problema no es que su modelo haya dejado de funcionar, sino que no se permite que los ciudadanos de aquellos países transformados en infiernos terrenales busquen su El Dorado en alguna otra región del mundo. Además, suena bonito. Lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¡Echados a andar por el mundo como Pedro por su casa! Y sus lectores duermen contentos.

¡Tonterías! A mí me parece muy bien que los que quieran viajar, por impulso, por curiosidad o simplemente por la culoinquietud más auténtica tengan ese derecho. Por supuesto, junto a esa libertad está la obligación de intentar integrarse o por lo menos de respetar las diferencias culturales de la sociedad anfitriona. Sin embargo, de allí a asumir que el nomadismo es el futuro para la humanidad hay un trecho.

En Europa, a pesar de la tan denostada integración económica, son más bien pocos los europeos que viajan a otros países en busca de trabajo. Ahora sí crece el número de españoles, griegos e italianos que, por necesidad económica, se trasladan a Australia, Argentina o Japón en busca del éxito que les niega su país. ¿Pero se puede definir eso como un éxito para la sociedad que dejan atrás? No, a menudo es un auténtico desastre. E incluso, en muchos casos, a nivel personal supone la separación de familias enteras, la pérdida de la protección que ofrecían las redes sociales del país de origen y la obligación de aceptar un trabajo inferior a su nivel educativo.

Siempre ha habido y siempre habrá millones de personas que decidan viajar a otros países en busca del éxito. Es verdad que, tal y como se afirma en la Declaración Universal, están en su derecho. Y también es cierto que esos flujos contribuyen al intercambio del conocimiento y al enriquecimiento económico y cultural del mundo. Sin embargo, también debe ser un derecho poder ganarte la vida en tu propio país si así lo deseas, si así te va a permitir formar una familia con lazos estables, si así vas a sentirte más realizado. Un modelo que pone el mundo patas arriba no puede justificarse con el argumento de que el único problema es que la gente no sabe subirse por las paredes como Spiderman. El problema es que hay que recordar donde está el suelo, que los árboles sólo pueden crecer si echan bien las raíces, y que el mundo nunca será sostenible si las personas que lo habitan no se sienten identificadas con las tierras que cultivan. Los economistas, sin embargo, por mucho que lo intenten no acaban de entender las realidades tangibles. Y nos siguen vendiendo humo.