Ir al contenido principal

Ya yoyen (parece)

Tras mi via crucis inicial al intentar darme de alta con Yoigo en el momento de su lanzamiento en diciembre, he tenido mayor suerte esta segunda vez. Mi cabreo con este operador por no poder gestionar la portabilidad que solicité y por tardar tres meses en devolverme el importe que me había cobrado por un teléfono que nunca me entregó, hubiera sido suficiente para llevarme a romper para siempre mi relación con esta empresa. Pero en el mundo pintoresco de los operadores españoles, todo es posible y la subida de tarifas de Orange (sin duda descarada y de cuestionable legalidad) me ha obligado a dar una segunda oportunidad a la filial del escandinavo TeliaSonera.

Me he visto obligado a cambiar de número. No me atrevía a quedar sin número aunque fuera sólo 24 horas porque necesito el móvil por trabajo. No sé de quien sería la culpa, si de Orange o de Yoigo, pero da igual. Sólo sirve para confirmar hasta qué punto los operadores están dispuestos a tomar el pelo a la gente con tal de rascar unos céntimos de más. Mi factura de enero fue exorbitante por las gestiones que tuve que hacer para comprar mi piso, por lo que parece que el descaro de Orange les ha salido redondo en esta ocasión.

Esta vez me ha llegado la tarjeta SIM en apenas dos días tras mi solicitud y ha funcionado perfectamente desde el primer momento. La señal incluso es más fuerte que la de France Telecom, por lo menos en mi casa, y el precio, ni que decir que cuesta casi la mitad de lo que venía pagando con Orange.

Llamé a Orange para pedir que me cambiaran a prepago (para ahorrarme los 6 euros de tarifa mínima mensual) y en cambio me han ofrecido mantenerme en contrato sin cobrarme esos 6 euros. Faltaría más después de todo lo que me han hecho, pero por lo menos así he podido dejar un mensaje de voz para avisar del cambio de número y así no perder llamadas importantes.

Lo mejor de Yoigo es que después de cada llamada, te mandan un mensaje a la pantalla para avisarte de lo que has gastado y de lo que queda en tu tarjeta. Algún día tendré que usar un cronómetro para ver si son tan honestos como dicen pero por lo menos no he tenido ninguna queja por ahora. No he tenido que llamar ni una vez a atención al cliente, y eso ya es una mejora. Cuando empecé con Orange (Amena) hace 6 años, tuve que llamar numerosas veces sólo para que me activaran el buzón de voz. Y de Vodafone (Airtel) ni hablar.

Todos nos roban, pero algunos más que otros. Hay que ser astuto a la hora de lidiar con los operadores de telefonía móvil, y ojo, la policía no te protege.

Entradas populares de este blog

PR in times of cholera

How do PR professionals, companies, organisations or plain individuals cut through the noise in the era of social media? This will be one of the key questions in 2018, and even more so at a time when ideas and opinions are so easily misconstrued and a simple misthought phrase can lead to Trumpian noise and fury on Twitter or, indeed, elsewhere.

It would seem that this is not a time for pushing boundaries. A simple mis-step and you have a full blown global brand identity crisis. Yet somehow brands need to differentiate themselves and make themselves stand up above mediocrity and reflect something their audiences want to hear.

Step into the fray Virgin Trains, which this week performed some marvellous 'virtue signalling' by banning free copies of the Daily Mail for its First Class Passengers. This led to some to notice the irony of this occuring just at a time when this publication had been criticising the poor service quality of the British privatised rail service. In any event…

A saber

Existe una izquierda que se opone a los fallos judiciales en su país cuando no coinciden con su ideología, y al mismo tiempo se enfada cuando Israel gana Eurovisión con una canción que refleja sus postulados.La misma izquierda detesta el único estado democrático de Oriente Medio por los excesos militares de sus líderes, pero se calla cuando su propio gobierno vende armas a Arabia Saudí o avala bombardeos en Siria.Se trata de una izquierda compuesta por personas que no saben reflexionar o analizar la realidad de una manera objetiva, sino que se pliega ante la dictadura de la 'opinión pública' y lo políticamente correcto.Una izquierda que prefiere opinar antes de aprender, porque este requiere esfuerzo y es mucho más fácil sumarse a la lógica de las masas.También existe una derecha que cree saber la verdad, que cuando gobierna impone su punto de vista en la sociedad e intenta eliminar cualquier atisbo de discrepancia en pro del pensamiento único, en línea con su dogma universal,…

El fallo del juez de Schleswig-Holstein denota el fracaso de Rajoy, no el de la Unión Europea

Hoy desayuno con los editoriales de los principales medios españoles, y casi me atraganto al observar que tras el fallo de ayer de un tribunal alemán sobre la extradición de Puigdemont, el país se ha vuelto euroescéptico de la noche a la mañana.

Desde luego, la decisión del juez no es agradable para los que defendemos el mantenimiento del orden constitucional en España, sin embargo, no hay que otorgar al fallo un significado que no tiene. Y más aún si se tiene en cuenta la sensibilidad de estos temas para una opinión pública, que leyendo  la prensa nacional fácilmente podría llegar a la conclusión de que lo que ha pasado ayer es culpa de las instituciones comunitarias.

Nada más lejos de la realidad. El tema de si o no hubo violencia en el Procés es cuestionable y cuestionado . Y más discutible aún el de si se puede culpar al ex presidente de la Generalitat por dicha violencia. Parece que el tribunal regional alemán competente en este caso ha llegado a la conclusión de que no. Y es pe…