miércoles, febrero 15, 2012

Cuando miente Pinocho 2.0, se achica su nariz


Si el plagio es una ofensa a los que se esfuerzan por investigar y escribir algo original, me pregunto qué sensación tiene un escritor a quien le atribuyen textos que no son suyos. Desde luego, si me atribuyeran alguna obra de Cervantes o de Shakespeare, lo tomaría como un honor aunque después me daría algo de vergüenza pensar que la gente me respeta por un don que no me corresponde. En cambio, si fuera un gran escritor y me diera cuenta de que circulaban, con mi foto y firma, textos mediocres  que nunca había escrito, me provocaría algo cercano a la indignación.

Curioso me resulta, por tanto, que hoy han sido precisamente los ‘indignados’ los que han tenido que eliminar de su página web un texto atribuido al escritor, Arturo Pérez-Reverte sobre la crisis, cinco días después de haberlo colgado. En realidad, se trata de una versión de otro artículo publicado hace más de un año en Noticias de Navarra,  firmado por Jesús Sanz Astigarraga, y que lleva mucho tiempo circulando en diversos foros de Internet con la firma del falso autor. Leyendo el artículo, no hay que ser muy avispado para darse cuenta de que no es de Pérez-Reverte. No comparte nada de su estilo, e insulta directamente a sus lectores de una forma cruda que rebasa incluso los límites del creador de la saga del Capitán Alatriste. Sin embargo, el fenómeno de la viralidad ha permitido que en poco tiempo la mentira se convierta casi en artículo de fe, e incontables usuarios de las redes sociales se enrojecen al darse cuenta del engaño, en muchos casos después de haberlo compartido con sus amigos y, por tanto, de dar continuidad a su difusión en la Red.

Internet es quizás la mejor prueba de lo ingenuos que somos y de hasta qué punto estamos dispuestos a difundir infamias o noticias sensacionalistas sin contrastar. Recuerdo esos e-mails en los que se anuncia que tal persona ha desaparecido y, por favor, reenvíalo a todos los contactos de tu libreta de direcciones. Los inocentes usuarios cumplen con la solicitud añadiendo la breve introducción, “No sé si será verdad pero te lo reenvío por si acaso…” En muchos casos, me atrevo a pensar que incluso sospechando que la información puede que no sea completamente verdadera, preferimos compartirla con rapidez por el morbo. Las mentiras son mucho más interesantes que la verdad. Vivimos, después de todo, en una época en la que las verdades no son rentables, en la que canales como CNN o la BBC son superados por la Fox o Intereconomía, que ponen la ideología y la mentira por delante la investigación y la objetividad. Buscamos confirmar nuestros prejuicios en vez de cuestionarlos, que es lo que antaño se enseñaba en la Universidad.

En este contexto, me pregunto, si incluso nos dejamos engañar por cosas tan absurdas como el artículo que acabo de mencionar, ¿cuántas mentiras nos transmiten nuestros gobernantes? O mejor dicho, ¿con qué frecuencia nos cuentan la verdad? Sospecho que esta segunda cifra, por pequeña, sería más fácil de cuantificar. Las redes sociales no clasifican las noticias según su nivel de veracidad, sino por el nivel de coincidencia con nuestros prejuicios y en este contexto los gobiernos tienen un inmenso campo de juego para manipularnos, para crear falsos enemigos, para generar miedo, y en definitiva, para alistarnos en sus oscuros proyectos.

¿Será verdad que Facebook es una creación de la CIA? Si no existiera, lo tendrían que inventar.

martes, febrero 14, 2012

Sencillos y vulnerables


Llegas a un punto en el que ni sabes qué opinar. Tus valores te dicen que estamos todos padeciendo una crisis que crearon otros, los cuales ahora buscan que nosotros admitamos el castigo. Sin embargo, la cruda realidad te termina convenciendo de que no importa como hemos llegado hasta aquí sino descubrir de qué manera podemos salir del atolladero, y si eso requiere recortar, hacer sacrificios, trabajar más y mejor, es lo que nos toca para poder pagar las deudas de las que todos tenemos parte de la responsabilidad. Por supuesto, el monodiscurso de los medios de comunicación nos ayuda a asumir que esa es la única solución.

Me resisto a creerlo. No todos vivimos por encima de nuestras capacidades en los años de supuesta bonanza. Muchos fuimos mileuristas o poco más que eso. Muchos de los que nos hipotecamos lo hicimos para poder vivir en un diminuto espacio, y no porque nos obsesionara la idea de ser propietario sino porque un mercado de alquiler mal diseñado nos empujó a comprar para tener, aunque fuera un mínimo de estabilidad.

No nos hicimos ricos. Ahorramos un poquito –muy poquito- y vivíamos de manera más o menos acorde a los medios que teníamos a nuestra disposición. No sabíamos qué había detrás de los préstamos que sacábamos, ni qué instrumentos utilizaban las entidades financieras. Lo único que teníamos claro era que el coste de la vida era excesivo y que teníamos que pagar un precio injusto sólo por tener un techo mientras cientos de miles de casas estaban vacías.

Fue una estafa. Y los que intentaron enriquecerse con nuestro sudor crearon una burbuja que estalló en sus caras. Tanto que los gobiernos, algunos de los cuales, al igual que el nuestro que andaba con superávit presupuestario, tuvieron que generar más deuda para proteger los ahorros de los ciudadanos de a pie, y sobre todo los sueldos de los banqueros. Y ahora nos toca amortizar esas deudas con más deuda y con la venta de nuestro patrimonio y estado de bienestar.

Es la conclusión a la que llega cualquier persona que tenga pocos dotes de economía pero sí algo de sentido de justicia social, de todas formas, hay otros que sí entienden de finanzas y que son capaces de construir cada vez más argumentos y cada vez más torres de marfil para demostrar que en realidad lo que necesitamos para salir de aquí es más lucha y más sacrificio.

Los votantes, desde luego, se lo creen. La ilustración es todavía un fenómeno reciente y a los seres humanos nos cuesta dar ese último paso hacia nuestra emancipación. Tenemos momentos de lucidez en los que creemos que las cosas pueden ser distintas y luchamos por un mundo mejor. Sin embargo, cuando las cosas se ponen feas de verdad, nos asustamos y otra vez buscamos la protección del padre. Llamamos a los financieros, que según creemos son los únicos que de verdad entienden como manejar esta porquería de sistema que, a pesar de sus defectos, hasta ahora nos ha dado de comer, y seguimos sin darnos cuenta de que sus defectos tarde o temprano nos llevarán a la ruina. Todos estamos de acuerdo en que sólo hay una persona que sabe pilotar el avión, sin embargo, no acabamos de darnos cuenta de que este avión ha perdido las alas.

Es una visión simplista, lo sé, pero cada día creo que, en efecto, nos estamos volviendo más sencillos. El Leviatán no es el Estado, tal y como señalaba Hobbes, sino el mundo financiero, el sistema que nos controla y que se aleja cada día más del concepto de democracia que nos enseñaron en el cole. No me siento inteligente escribiendo estas cosas. Sólo me siento pequeño, débil e impotente ante las fuerzas que poco a poco nos van quitando el oxígeno vital. Sólo cuando rescatemos la cosa pública, si de verdad es salvable, -algo que dudo- evitaremos un futuro aciago.

pd. Me sigue resultando curioso que las principales agencias de ratings se llaman 'Estándares y Pobres' y 'de Mala Leche'. ¿Alguien me lo sabe explicar?

domingo, febrero 12, 2012

Crónica de una inhabilitación anunciada


El desenlace estaba cantado. La envidia y los celos de las autoridades judiciales españolas por el estrellato universal del juez instructor, Baltasar Garzón, habían bastado para entorpecer su trabajo desde que, tras el arresto del General Pinochet en Londres en octubre de 1998, la Audiencia Nacional, con la complicidad del entonces Presidente del Gobierno, José María Aznar, obrara para evitar la extradición del ex dictador a España. Un hecho que no sólo hubiera perjudicado gravemente las relaciones comerciales entre España y Chile sino también habría creado un precedente que sin duda con el tiempo obligaría al estado español a rendir cuentas por los crímenes de su pasado franquista. Había que parar al juez utilizando todos los medios a su alcance.

A pesar de todo, tardaron 14 años en conseguir su objetivo, y el pasado 9 de febrero, el Tribunal Supremo inhabilitó al juez por 11 años en un fallo que ha sido criticado por los medios de todo el mundo, a pesar la reacción tibia en España, un país en el que apenas quedan medios de comunicación independientes. Aquí el consenso, entre todos menos los de la derecha más rancia que aplauden sin matices la decisión del Supremo, es que se trata de un hecho poco afortunado pero necesario, porque al fin y al cabo, Garzón no incumplió la ley al realizar escuchas a los imputados del caso Gürtel. Es decir que en España hacer justicia es suspender a un juez que persigue a los políticos corruptos y obligarle a pagar una multa de 2.500 euros a los criminales. No parece importar que las escuchas fueran realizadas por pedido de la policía judicial y con el consentimiento del fiscal, que se debían a la sospecha de que los abogados de los detenidos eran cómplices y que las comunicaciones se dirigían a blanquear dinero. Parece que ha habido importantes errores de procedimiento y Garzón sigue afirmando que no se tomaron en cuenta las pruebas que él mismo proporcionó, sin embargo, al menos en España se considera primordial defender a las instituciones y asumir que el que ha errado es el investigador.

Estamos, por tanto, enfrentados hoy a la brutal ironía de ver como el Ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, afirma que el Gobierno defiende la independencia de la justicia y que nunca hará comentarios políticos sobre un juicio, a pesar del carácter marcadamente político de este fallo. Como si en estos 14 años nadie en su partido hubiera hecho nada para influir en el destino del juez español más famoso del mundo. Hablar hoy de la independencia de la judicatura española es algo parecido a hablar de la capacidad de empatía de Jack el Destripador. Sencillamente, no existe.

Garzón recurrirá al Tribunal Constitucional, y posteriormente al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Sin embargo, no hay muchas razones por el optimismo. El fallo contra el juez es sólo el último paso en la derechización de un continente, en el que la democracia en efecto se ha suspendido hasta nueva orden del FMI y el Banco Mundial. Mientras tanto, los militares griegos se preparan para tomar el control del Gobierno de su país tras una declaración de impago que ya se da casi por sentada y las fuerzas antidisturbios españolas enfilan sus armas para hacer frente a la violencia social que nos espera.

En este contexto, ¿qué autoridad hoy en día permitiría que se establecieran precedentes legales para que sus futuros crímenes puedan ser juzgados o para que se declare ilegal una amnistía que permitió que nadie rindiera cuentas por los crímenes a la humanidad? Tras 50 años de avances en derechos humanos, ha llegado el momento del retroceso, porque para los poderosos es lo que más conviene. Curiosamente, ahora la última esperanza de que haya un fallo a favor de las víctimas del franquismo está en Argentina, donde la justicia intenta devolver a los españoles el favor que le hizo Garzón al investigar las acciones de su propia dictadura militar, amparándose en la jurisdicción universal. Ahora que han criogenizado a la justicia española, han castrado a nuestros medios de comunicación,  y todos los poderes están controlados por el partido que más se beneficia de este fallo, el próximo paso será poner en orden al país de Cristina Fernández de Kirchner y acabar con la carrera de sus jueces más turbulentos, para que no quede ni el menor resquicio de voluntad popular y las élites puedan repartir los cada vez más escasos recursos de esta tierra sin el inconveniente de tener que consultar a sus clientes, perdón, conciudadanos. Y, en eso tienen mucha experiencia.