lunes, octubre 06, 2014

Políticos sin convicciones o autoestima

Algunos seguimos defendiendo que el progreso económico es compatible con el progreso social. No somos 'PP-PSOE' y tampoco somos 'la casta'. Lo que pasa es que algunos han virado a tales extremos que no son compatibles ni con el progreso económico ni con el progreso social pero, por algún motivo, se siguen definiendo como 'de izquierdas' y se creen dueños de un 'futuro' que en realidad es pasado. Y lo peor es que los partidos que realmente deben estar defendiendo nuestros postulados han perdido el norte y se dirigen rápidamente hacia el abismo, básicamente porque han antepuesto la necesidad de ganar votos a la de recordarse cada mañana en qué creen y hacia donde se dirigen.
Curiosamente, a pesar de todo, los votantes no se han vuelto locos y siguen votando a los políticos con convicciones. El problema no es que los que tengan convicciones estén equivocados, sino que los demás han perdido tanto las convicciones como el autoestima.

lunes, julio 07, 2014

La victoria electoral no pasa por Sol

El camino para ganar unas elecciones en España no pasa por la Puerta del Sol, pero parece que, todavía, poca gente de la izquierda lo entiende. Lo que hay que hacer es invertir en educación y en formación, facilitar la creación de empresas y el acceso al crédito, y promover la internacionalización de las empresas.

Siempre he estado convencido de que la debilidad de la derecha es que por mucho que hable de la competencia y el libre mercado, siempre ha actuado en pro de los intereses de determinadas empresas, ha colocado a políticos en empresas públicas y privadas y ha pasado por el forro los derechos del consumidor y la libertad del trabajador. La izquierda puede y debe prometer mayor competencia, mayor transparencia, y mayor igualdad de oportunidades, y crear una meritocracia de verdad en el sector público y privado. Dar la vuelta al arcaico sistema de oposiciones sería un primer paso. Pero prefieren la política del avestruz y enquistarse en debates estériles sobre la monarquía o el federalismo. Así se alejarán cada día más de las preocupaciones del ciudadano común y, en definitiva, del poder.

Y hablo de izquierda y derecha porque así se definen ellos. Los votantes, en su mayoría, no son ni una ni la otra. Quieren soluciones, trabajo, una casa y un entorno en el que sea posible planificar su futuro con mayor seguridad.

Los que fijen como prioridad arañar votos a Pablo Iglesias, pronto se darán cuenta de que con el 5 % de pirados que le votaron, no irán a ninguna parte. Los demás estamos para otras batallas.

viernes, junio 20, 2014

¡Qué paradoja la monarquía española!

Los medios internacionales -y también algunos españoles- se muestran confusos respecto a la Proclamación de Felipe VI.

Parece que se sorprendieron con la austeridad de la ocasión y con el hecho de que, "ni siquiera hubiera una coronación." Hace falta aclarar que la monarquía española tiene suficiente historia como para no tener que hacer una copia hortera de las tradiciones británicas a la hora de realizar el juramento del nuevo Jefe de Estado. La corona española no se lleva en la cabeza. Parece que nunca ha sido así, y que siempre se han realizado proclamaciones con la corona como símbolo y no como objeto de vestuario.

Sin embargo, tratándose de la primera proclamación en democracia, es cierto que cabía un cierto grado de improvisación y que hubieran podido organizar un día más solemne, algo que no se ha hecho en gran parte por el carácter acomplejado de la monarquía parlamentaria española. Sin embargo, ¿por qué tantos complejos?

No quiero inmiscuirme en detalles históricos en este post sino simplemente expresar mi curiosidad por la peculiaridad de la institución monárquica española. Me ha llamado la atención, en particular, el simbolismo del uniforme del monarca que con sus cruces y condecoraciones no esconde la identidad profundamente católica del jefe de un estado laico. Desde luego, en el Reino Unido, la monarca no tiene por qué sentirse avergonzada por su religión al ser, además de jefa de estado, jefa de la iglesia anglicana, religión 'establecida' en Gran Bretaña, y por tanto, completamente legitimada. Además, su papel en dicha iglesia permite que realmente, más allá de reinar, tenga una influencia más directa en la espiritualidad de una mayoría de británicos, que por poco que la 'practiquen' se sienten de alguna forma identificados con la religión 'oficial' del país.

En España, en cambio, por mucho que los ciudadanos se tomen un descanso en festivos religiosos -curioso que se eligiera al Corpus Christi como día para la Proclamación del nuevo rey-, participen en hermandades y cofradías y se emocionen con desfiles de capuchinos en Semana Santa, su relación con la Iglesia es mucho más ambigua, y desde luego, no se puede mostrar sin complejos en un día tan señalado como el de ayer. Y es que la monarquía en nuestro país se ha impuesto como 'árbitro' de un modelo de estado básicamente republicano como si se tratara no como una parte institucionalizada del país sino como una especie de 'observador externo', como única manera de garantizar la estabilidad de un estado que no se puede poner de acuerdo sobre su nombre, su composición geográfica o siquiera las letras de su Himno Nacional.

España no es un país monárquico sino, quizás, en diferentes momentos republicano, juancarlista o felipista, según la oportunidad del momento. Es una república con un jefe de estado que se elige por razones no democráticas sino dinásticas, pero con una familia real que ha ganado su riqueza en pocos años y que tiene que medir mucho sus palabras como si se tratara no de parte del tejido social del país, sino de una fuerza invasora, que ni siquiera comparte su religión con el Estado.

En este contexto, es imposible esperar -como reclamaban muchos corresponsales extranjeros- un gran festejo nacional para marcar la llegada del reinado de Felipe VI. Por mucho que tal iniciativa ayudase a 'vender' la marca España, iría totalmente en contra de la compleja identidad de un país que todavía está en construcción y que tiene una relación cuando menos ambivalente con sus líderes. Fueron muchos que salieron a la calle con sus colores y sus banderas y la Plaza de Oriente estaba atiborrada de gente. Sin embargo, estoy seguro de que muchos fueron a observar un 'espectáculo' sin entender o sentirse igual de identificados con el fondo de la cuestión como lo haría un sueco o un británico.