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Madrid 2050


Madrid es una ciudad post-ideológica. Al ciudadano medio le importan un bledo los nacionalismos, sea el español, el serbio o el flamenco. Le trae sin cuidado si alguien es de 'izquierdas' o de 'derechas'. Lo único que le importa es que lo que se haga, se haga bien, y que Madrid sea cada día una ciudad más habitable, más respirable, más atractiva, y más rica.

Es por eso que a pesar de las sucesivas victorias regionales de una derecha rancia, que penaliza el aborto, que idealiza a los coches, que vende los colegios y los hospitales, no creo que los madrileños sean, en el sentido estricto, 'de derechas'. Y lo dice alguien que viene de un país como el Reino Unido en el que hasta la gente más de 'izquierdas' votó en 1979 a Margaret Thatcher. Los británicos no son 'conservadores' aunque hayan votado a una primera ministra conservadora, y tampoco los madrileños lo son aunque hayan votado a una condesa.

Por lo general cuando hablo con la gente, escucho comentarios tipo, 'he votado a Gallardón porque he visto que hace cosas', 'Veo muchas obras en Madrid. Me da la sensación de que las cosas se mueven, que la ciudad avanza'.

Al parecer, el ciudadano medio no valora si una obra está bien o está mal. No le importa que el soterrar la M30 sólo haya servido para aumentar el número de coches y hacer aún más irrespirable la que ya era la capital más contaminada de la UE. Lo importante es que se prometió, se votó, y se hizo. Le da igual que el alcalde prometiera para 2008 eliminar los coches más contaminantes, y que ahora diga que en realidad esperará a 2010 y en cualquier caso limitará la restricción a una pequeña zona del núcleo urbano. Le da igual que un alcalde que se dice 'progresista, y su compinche nada progresista en la Comunidad de Madrid se pasen el tiempo boicateando leyes nacionales que existen para proteger la ciudad pública como la ley antitabaco o las que capean la contaminación ambiental.

Lo único que piensa el ciudadano es que el alcalde tiene un proyecto. No sabe a donde nos llevará, en qué ciudad se convertirá Madrid, si en una ciudad europea o en Los Angeles sin Mar. Pero sabe que Gallardón ya ha avanzado mucho en su plan y que no tiene sentido decirle que 'no' ahora si nadie más propone una alternativa que capte la imaginación del ciudadano.

El Partido Socialista Madrileño ha propuesto proyectos interesantes, pero siempre lo ha hecho tarde, sin integrar cada idea en una visión global y a largo plazo que ilusione a la gente y permita ganar unas elecciones. No es suficiente oponerse a la tala de árboles, o criticar que se privaticen los hospitales y los colegios públicos. No es suficiente echar por tierra la reforma de la M30, por poco que sirva la obra al conjunto de la población si a la vez no se propone una solución alternativa. No basta criticar que la ciudad se disperse demasiado hacia las afueras, si el ciudadano percibe que la alternativa es el estancamiento y el parálisis. Y no basta prometer una línea de Cercanías de oeste a este si no se integra en una visión más completa y no se explica a los ciudadanos de una forma clara y directa, y con mucha antelación.

Los madrileños quieren que su ciudad se convierta en una ciudad global, económicamente fuerte, y con la más alta calidad de vida, capaz de competir con cualquier otra ciudad del mundo. De momento no lo es. Después de la experiencia de Pekín, la política contaminante y regresiva de Alberto Ruiz Gallardón no vale para que una ciudad sea olímpica. Ya no vale que Madrid se convierta en una ciudad norteamericana de los años '70 si puede ser una ciudad europea del año 2050. El profesional con talento no vendrá en 2010 a Madrid si las calles están sucias, no se puede encontrar un bar libre de humo, y el único reclamo de Madrid es una red de Metro que tampoco cubre las necesidades de transporte de los profesionales del extrarradio. Para ello, necesitamos un alcalde con proyección, con visión global y con imagen de estadista. No es suficiente una buena idea para reciclar mejor los residuos. Hace falta un plan para que Madrid se convierta en el número 1, y en la envidia del mundo. Es el momento de debatir, de consultar y de crear un proyecto para una ciudad sobresaliente.

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