domingo, septiembre 23, 2007

Y habló Adolfo Suárez...

Esta entrevista, publicada hoy por primera vez en el diario ABC, fue concedida hace 25 años por el primer presidente de la democracia española, Adolfo Suárez. No se permitió su publicación en su día porque, según los consejeros del presidente, había sido demasiado sincero. Lo leo, y veo que es verdad. En el contexto no se hubiera podido imaginar la publicación de un diálogo tan cándido. Además, los contenidos serían inimaginables para alguien adiestrado en las técnicas de las relaciones públicas de principios del siglo XXI. Pero apartándome del interés histórico del artículo, o su relación con la compleja situación política que vivía España en aquellos días, la entrevista me ha permitido reflexionar sobre el miedo de un político de enfrentarse a la 'bestia' de los medios de comunicación, que "sólo escriben para ellos mismos... persiguen intereses concretos... los periodistas se han convertido en correas de transmisión de los intereses de grupos determinados."

Ha pasado ese cuarto de siglo, y los periodistas siguen escribiendo por ellos mismos, o más bien por el grupo que les paga la nómina. Hay todavía alguna notable excepción, pero por lo general, en palabras de Suárez, "los comentarios políticos suelen ser mensajes que no entiende casi nadie", y los grandes grupos mediáticos aprovechan esa falta de comprensión para manipular la opinión pública, con una total falta de respeto hacia la inteligencia de sus lectores.

Ahora invito a mis lectores a leer el artículo, que es muy largo, pero primero me quedo con una parte, que me parece apto incluso en 2007:

«Y es más: me reuní con los intelectuales gallegos que habían criticado el Estatuto de Galicia. Los he llamado reservadamente. Los he invitado a almorzar. He ido con el estatuto y lo he puesto encima de la mesa: «Señores, vamos a mirar artículo por artículo dónde está la ofensa a Galicia...» ¡Y me confesaron que no lo habían leído!... Cuando todos ellos se habían manifestado públicamente en contra... Sólo porque Alfonso Guerra había dicho que aquello era una ofensa a Galicia. Y Fraga había dicho que aquello era una ofensa a Galicia... Así que funcionaban simplemente por el ruido del tam-tam de la selva. Yo repito a menudo que en España está ocurriendo un fenómeno muy grave: las cosas entran por el oído, se expulsan por la boca y no pasan nunca por el cerebro... casi nunca pasan por la reflexión previa».

«Pero es un hecho que está ahí; que sucede. Y luchar contra ello es muy difícil... Yo he intentado combatirlo muchas veces... ¡Y así me va!»

Así nos va. Pero tal y como enseñan en las escuelas de comunicación, no se puede luchar contra ello, hoy en día hay que entender y actuar dentro del campo de juego de los medios de comunicación. Pero me atrevo a preguntar, ¿a donde nos lleva esa cadena de manipulación? ¿Cómo puede un periódico hoy en día ser realmente independiente y analizar los hechos con detenimiento para llegar a unas conclusiones objetivas? Sólo espero que todo aquel que piense embarcar en un nuevo proyecto periodístico, que haya leído esta entrevista, y que obre en consecuencia. Los medios son fundamentales para el buen funcionamiento de una democracia, pero, por desgracia, los periodistas no siempre representan a sus lectores, y entonces cuando un político se cabrea, hay que respetar que algo de razón tiene, aunque no sea necesariamente la única razón de su cabreo...

sábado, septiembre 22, 2007

La opinión de Iñaki Gabilondo. Noticias 4, 21h. Miercoles 19

Dentro de la guerra mediática que se ha desatado entre el Grupo Prisa y el gobierno que antaño apoyaba, uno de sus periodistas, esta vez no de El País sino del canal Cuatro, se desmarca de las verdades oficiales del imperio mediático del recién fallecido Jesús de Polanco. Esté o no de acuerdo con su opinión, me alegro de que haya gente que todavía pueda, y se atreva a decir lo que piensa, y aún más cuando ocurre en un medio con tanta audiencia como la televisión.

¡Felicidades Iñaki!

martes, septiembre 11, 2007

El Público Ciberocupado

El nuevo periódico El Público de Jaume Raures, que aparentemente saldrá a luz a finales de este mes, tendrá que desembolsar 5.000 euros para recuperar el dominio que le corresponde. Al parecer, la página www.elpublico.es ya pertenece a los ciberocupas. ¿No lo habían previsto? Siguen faltando datos sobre el proyecto, y no sabemos todavía cuando se lanzará la campaña publicitaria de verdad. Lo único que queda claro es que van a participar algunos de los periodistas más conocidos de la competencia, y procedentes de medios de diversos tintes políticos.

Ya se habla de una segunda transición mediática, una idea que se alimenta del hecho de que el proyecto parece contar con el beneplácito de la Moncloa. No sé si llegará a tanto, pero seguiremos atentos.

sábado, septiembre 08, 2007

Testarudo

Testarudo - adj. y s. Obstinado, terco: es un testarudo, nunca cede él.
(También aparece como: cabezota - tozudo)
Fuente: wordreference.com

¿Me acabo de definir? ¿Soy testarudo? Supongo que sí. Defiendo mis opiniones con fuerza. Me obsesiono con las pequeñas cosas. No me controlo. A veces me despierto por la mañana y tengo que oponerme a algo, a alguien. Me gusta destrozar los argumentos del contrincante. Soy pacífico, no soy capaz de la violencia física, mi cuerpo no me la permite. Pero ganar un argumento, jo, sí que me gusta ganar un argumento.

Muchas veces me equivoco. Veo las cosas en blanco y negro, luego viene alguien y me explica con un argumento lógico que no es así. Esta vez, él gana. La información me encanta. Los fuentes fiables me convencen. Los razonamientos lógicos dan la vuelta a mis pensamientos. Necesito la lógica, necesito la ciencia para explicar las cosas. Hasta que no se me demuestre otra cosa, me fío de las explicaciones que me parecen más convincentes. Pero también tengo momentos de sosiego, de poder ceder, de poder dialogar y de ver que hay un punto medio, aunque no sea al 100% del gusto de nadie.

"Respeto tu opinión pero no la comparto". Como me revuelve las tripas esa frase. Si no compartes mi opinión, no me respetes. Demuéstrame lo contrario. Y si no me lo puedes demostrar, calla. La cabeza y la lógica es lo que cuenta. El que piense con el corazón, se pierde por el camino.

Eso es ser testarudo. No es una actitud correcta. Hay que ceder, hay que dialogar, hay que entender que la razón está sobre todo gris. Que hay cosas que el ser humano no puede ver, y que aunque no entendamos la lógica de otras personas, en ocasiones es necesario acercarnos a su postura, a su actitud.

¿Podemos entender porque hay gente que sigue matando por la causa del nacionalismo vasco? No. No lo puedo entender. Matar es criminal. La violencia no se justifica nunca. Pero la persona que se pone delante de la opinión pública, y dice: "No se puede hablar con esa gente. Está fuera de la ley. Es inmoral hablar con terroristas," ¿está justificada su actitud? Sin duda, se siente bien. No hay nada que nos haga sentir mejor con nosotros mismos que defender una posición moral sin matices. Y más que a nadie, satisface a los políticos que se pasan toda la vida dando giros retóricos, cenando con el diablo, y cambiando de postura en cada momento con el fin de aliar, pactar, mantener, o hasta perpetuarse en el poder. Cuando ese político se levanta por fin, y dice. "No se puede matar. El primer mandamiento. Con Batasuna ni se habla." Él sí se siente bien consigo mismo. Por primera vez en su vida, dice algo que no puede ser criticado. Si no, sería justificar el terrorismo.

Pero el ego de un político, o de una política, no me va a dejar vivir en paz. No se puede defender lo injustificable. Pero sí se puede entender que hay gente que no piensa como nosotros, y por mucho que les digamos que son inmorales, que están fuera de la ley, no nos van a dejar vivir en paz. ¿No les podemos entender? Igual, no. Pero son parte de esta sociedad contradictoria, compleja, muchas veces hipócrita en la que vivimos. Y si no hay diálogo de ningún tipo, nunca habrá solución. ¿Ceder? Ni yo, que soy un testarudo. Pero si intentamos pintar las cosas en blanco y negro de cara a la opinión pública, eso no es ser testarudo. Es ser demagogo. El mundo no es blanco y negro, y si no podemos aceptar eso, no tendremos interlocutor. Tendremos violencia. Mucho testarudo, poca paz. ¡Pero como mola ser testarudo! Yo personalmente, lo reservo para mi blog. En la vida, hablo. Intento convencer, pero si no respeto al otro, eso seguro que nunca se convencerá de nada de lo que yo pienso.

sábado, septiembre 01, 2007

Los No Fumadores somos Mayoría

¿Dónde estamos los no fumadores? No lo sé. ¿Nos hemos esfumado? Por lo menos en el mundo real, ya no veo a no fumadores. Ni en los bares, ni en los restaurantes, ni entre mis amigos más cercanos, no sé donde están los no fumadores. Parece que en todo este país que se llama España, se fuma. Es lo primero que se huele cuando llegas a Barajas. Victoria Beckham decía que España olía a ajo. Ojalá fuera así, no afectaría tanto a mi salud que el tabaco que infecta todo. No puedo ni abrir la ventana de mi habitación sin que entre en algún momento del día el olor a humo a través del patio interior y procedente de algún otro piso.

¿Dónde estamos los no fumadores? Dicen que somos el 70% de la población, pero nos hemos escondido. Somos tan paletos que no exigimos nuestros derechos. Sólo hay que ver los comentarios de los lectores sobre un artículo poco informado de El País para darse cuenta de que los no fumadores somos una masa crítica de la población, y estamos enfadados. Vamos a otros países, Italia, Inglaterra, Irlanda, Escocia, Argentina, y no se puede fumar en espacios cerrados. La gente acata la ley porque es una cuestión de respeto hacia los que no fuman y que quieren tener vida social sin perjuicio para su salud. En Italia, ni siquiera se permite fumar en la playa. Menos mal, porque las playas del norte de España están llenas de pitillos.

Somos muchos pero no somos. No se nos ve. Nos quedamos en casa. Los no fumadores en mi trabajo, en unos cuantos casos, se abstienen dentro de lo posible de ir a los saraos porque no quieren inhalar humo de tabaco. Bueno, no sé si será verdad, pero tengo esa teoría porque cuando salgo, parezco ser el único que no fuma. Manda la ley de la minoría, como en tiempos de Franco. Sólo que aquí la dictadura es del tabaco, de las tabacaleras, de los políticos pasotas, de los no fumadores pasivos que responden con un rotundo, 'no' cuando un taxista, un compañero, o un jefe pregunta si les importa que fume. Quiero decir, 'Sí, me importa. De hecho, no sólo me importa, me molesta. No puedo pensar si te tengo fumando delante, no puedo respirar. Tengo que alejarme 5 pasos de tí, y después no te puedo escuchar. Por favor, no fumes en mi presencia, por una cuestión de respeto'. Cuando voy a un restaurante con un grupo de amigos, y el anfitrión afirma que somos no fumadores, y a continuación una fumadora diga, '¡ay! ¡qué fastidio! ¡Pobre de mí! Pero si soy fumador', que se le responda que se busque la vida, que la mayoría no fumamos y que tendrá que esperar. ¿Y qué tiene de pobre? Si ha sido ella la que ha elegido ser fumadora. Sabía lo malo de ser fumadora, pero lo eligió. Ahora que aprenda a respetar a los que hemos elegido otro camino y no queramos volver a casa apestando a humo de tabaco.

Pero cuando salgo soy minoría. Los no fumadores poco a poco nos estamos rindiendo, nos bajamos los pantalones y nos meten el pitillo por el arco del triunfo. Cada vez más nos abstenemos de salir, de ir a bares alternativos, divertidos, de jazz, de música brasileña, de todo tipo. Ya no salimos sólo para descansar en un bar o para leer un libro. Porque no se puede. Todo apesta a eso, humo. Somos la mayoría ignorada del principio del siglo XXI, en España. Ha llegado la dictadura de la minoría, de los fumadores, de los más débiles, los que no tenían suficiente carácter como para no adoptar un hábito que sabían que tarde o temprano les iba a matar. Importaba más 'quedar bien', que actuar en beneficio de la propia salud, debido solamente a su propia inseguridad como personas. Y ahora nos tienen rehén a los que dijimos, 'no, no quiero fumar. Me asquea el humo. Y tampoco quiero oler el tuyo.'

Somos mayoría. La mayoría es fuerte. Tuvimos el valor de no empezar a fumar. Tengamos ahora el valor de reivindicar nuestros derechos, de hacer que los demás dejen de fumar en nuestra presencia. Y de poder vivir bien.