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La realidad real y la realidad virtual

Si quisiera crear una red social que se pareciera lo más cercano posible a la realidad, no pediría a los usuarios que se identificaran en su perfil con su nombre y apellidos, sino exclusivamente con su foto. Tampoco les pediría que publicasen datos de su profesión, sus gustos, su edad, intereses. Nada. Sólo su foto.

Luego, será la responsabilidad de los otros usuarios que les vayan encontrando en la red descubrir quiénes son, o por lo menos, quienes creen que son. Normalmente, la primera respuesta que les llegará será el nombre. Luego, más tarde irán descubriendo en qué trabajan, qué han estudiado, y quizás 3 o 4 meses después, quizás nunca, su apellido y, ¿por qué no? su estado civil. Así podrán ir añadiendo datos al perfil en función de la información que vayan descubriendo. Y sólo podrán ver los datos que hayan descubierto ellos mismos sobre cada uno de sus contactos. Por supuesto, podrán cotillar información a sus otros amigos y contactos, pero mediante el intercambio real, ya que esta información no aparecerá publicada en ningún sitio. De esta forma, poco a poco, irán creando una imagen más o menos completa o positiva sobre cada una de las personas con las que interactúen. Los usuarios dejarán de tener un único perfil sino tantos como amigos tienen. Incluso se podrán crear aplicaciones que midan la semejanza de la percepción que varios amigos tienen de un mismo sujeto. ¿No sería interesante saber si la imagen que damos es igual entre todos nuestros contactos o si transmitimos una imagen completamente distinta en función de con quien estamos interactuando.

Entre la percepción que tenemos de nosotros mismos y la que nuestros amigos y contactos tienen de nosotros, hay un trecho. Por eso, sería mucho más interesante que fuesen los amigos los que nos definiesen en las redes sociales. Somos como nos ven y si la imagen que transmitimos no es acorde a la imagen que queremos transmitir, somos nosotros los que tenemos que cambiar y aprender a comunicar mejor.

Crear una red social que se base no en nuestra autoimagen sino en nuestra imagen real, no sólo sería más real que virtual, sino más real que real. También sería un ejercicio excelente para las empresas, los políticos, y ¿por qué no? la gente del famoseo y la farándula. Se acabaron los tiempos de vender falsedades. Tenemos que aprender a gestionar la percepción, y no sólo controlar y censurar la información que cedemos sobre nosotros mismos. ¿Quién se atreve?

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