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Algunos apuntes sobre las perspectivas para la economía española


Los inversores no invierten en nuestro país, pase lo que pase, porque dudan de que el euro sobreviva y no quieren que sus inversiones se conviertan en pesetas. Y allí no se puede culpar a los capitalistas y especuladores, si hasta los propios españoles -los que tienen ahorros- están haciendo todo lo que puedan para enviar su dinero a Alemania. Por tanto, recorten lo que recorten, tendrán que seguir recortando y sin solucionar nada. Seguirá aumentando la deuda, el desempleo,…, y estaremos cada vez más arruinados.

Sólo tenemos, por tanto, dos alternativas:
  1. La UE decide por una vez que vamos a crear una gran unión política y financiera sólida y capaz de garantizar la continuidad del euro, con lo cual los países periféricos tendrán que adaptar sus políticas: salarios, vacaciones, seguridad social, etc. a las de los países del centro y asumir las consecuencias.
  2. Salimos del euro ya y tragamos: Empobrecimiento de la población, incapacidad de comprar nuevas infraestructuras o mantener las existentes, falta de medicamentos, etc., pero a largo plazo cierto crecimiento y recuperación, y sobre todo inversiones, porque los capitalistas verán una gran oportunidad en la nueva peseta devaluada.

La primera opción no es viable porque la estructura de la Unión Europea de 27 no permite tomar decisiones. La segunda opción tampoco va a ocurrir a corto plazo, porque tenemos un Presidente del Gobierno que no toma decisiones sino espera que las cosas se resuelvan solas mientras se fuma un puro y ve el fútbol.

CONCLUSIONES
  1. Los inversores y compradores de bonos no son tontos.
  2. Esta crisis no es una crisis de España sino de la Unión Europea.
  3. La Unión Europea tiene las mismas capacidades para resolver la crisis que tenían los romanos cuando descubrieron que ya no les servía el ábaco, y que escribir I, II, III, IV, V… era demasiado complicado.
  4. El modelo actual –y lo dice alguien que siempre ha sido pro-europeo- está abocado al fracaso y no se buscarán soluciones hasta que no se haya consumado el desastre que ya es inevitable.

Una vez que el desastre se consume, y pasado un tiempo, se podrá volver a valorar si es posible tener una unión, por ejemplo, entre Francia, Alemania, Bélgica, y Holanda. Por nuestra parte, podríamos valorar juntarnos con Portugal y con Italia, dos países con bastante afinidad cultural y económica. Los países escandinavos, por supuesto, irán por su cuenta. El Reino Unido irá flotando por el Atlántico mientras busca reforzar sus antiguos lazos con el Commonwealth. Y los del Centro y el Este de Europa, bueno, siempre les quedará hacer las paces con Rusia.

A veces para saber qué funciona, conviene ver cómo se hacen las cosas en las empresas. Lo normal es que éstas tienen un director comercial para el Reino Unido, otro para los países nórdicos, que a veces se extiende a Benelux, otro para el sur de Europa, que a veces incluye Francia y otras veces no, y otro para Alemania o, en su caso, Alemania y Francia. Intentar unir todas esas regiones en una es un proyecto bastante arriesgado para las empresas, y cada día estoy más convencido de que ha sido una locura intentarlo a nivel de los estados.

Pero ya es tarde para intentar hacer parches. De momento, lo único que podemos hacer es esperar, tomarnos un fino con el Presidente del Gobierno, disfrutar de los partidos de la Eurocopa, mirar como los problemas se solucionan por si solos… y antes que nada, acaso llenar el almacén de productos no perecederos, que la lucha se prevé dura.

Un apunte final: Creo que los latinoamericanos han aprendido esta lección y no cometerán los mismos errores que cometimos nosotros en Europa durante los últimos 50 años.

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