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El drama de la inmigración es nuestra tragedia, no podemos aislarnos de ella

¿Qué haría un inmigrante si desaparecieran los buques de las ONG de las costas de Libia?

Muchos comentaristas miran a Australia, donde con mano dura lograron reducir la migración desde Indonesia. Sin embargo, ¿se puede comparar la inmigración indonesia con la africana?

Los que vienen de Libia no son libios. Vienen de lugares tan dispares como Eritrea, Somalia o Afganistán. Los libios no los quieren. Los odian. Los torturan, los violan y los matan. Una vez en Libia, tienen que salir de Libia. Como sea, aunque sea hundiéndose en el mar.

De verdad, quitando los barcos y cerrando los puertos, ¿acabaremos con esta infamia? Las alternativas más 'pragmaticas' tampoco son la panacea. Consisten básicamente en dar apoyo a Libia y a otros países del norte de África para que no lleguen hasta allí. Es decir, no  acabar con el problema, sino evitar que muestre su cara en las fronteras europeas y en las pantallas de nuestras teles. Y es que los mexicanos tratan peor a los guatemaltecos que Trump a los que quieren cruzar la frontera de Estados Unidos, y mejor no hablar del trato que Marruecos da a los mauritanos o Libia a los sudaneses.

A fin de cuentas, nos enfrentamos a una grave crisis de migraciones, en parte por la creciente desigualdad entre los países ricos y los pobres, y en mayor medida por la crisis medioambiental que provoca el cambio climático, y que obliga a la gente a moverse para sobrevivir.

No podemos cerrar nuestras fronteras y nuestros ojos a esta realidad que afecta a nuestro planeta porque nuestra historia europea no se puede entender sin tener en cuenta la compleja relación que hemos tejido con el resto del mundo. Y porque no vivimos solo gracias a nuestras tierras sino también a nuestro aire y nuestros océanos. En definitiva encerrarnos sería meternos en una cárcel y solo nos quedaría morir.

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