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Llegó el momento de acercar la UE a los ciudadanos

Menos de la mitad de los europeos (47%) creen que la pertenencia a la Unión Europea ha sido algo positivo, según Eurostat. Según los datos del estudio, la confianza en las instituciones europeas ha crecido más en los países escandinavos, donde los problemas económicos son menores, mientras la pérdida de fé en Europa en España, Portugal, Italia, Irlanda y Grecia es dramática.

Los problemas a los que no se encuentra solución, tarde o temprano se convierten en mortales. La desconfianza es aún más preocupante ante la falta de una propuesta alternativa para cohesionar los países de la región. Si se derumbara la UE, ¿qué nos quedaría? ¿Ciudadanos cada vez más indignados? ¿Países soberanos que no son capaces de desarrollar políticas económicas a largo plazo? ¿Una Alemania rica, una Francia algo menos, y los demás países condenados a devaluar sus monedas cada seis meses como única medida para mantenerse competitivos, y metidos en un perpetuo espiral de pérdida de poder económico?

Desde luego, estoy convencido de que la Unión Europea tiene que funcionar, y que además nos ofrece una gran oportunidad para restaurar la confianza de los europeos en la democracia ante la pérdida de credibilidad de las instituciones nacionales. La razón de ser de la UE es la de hacernos más fuertes y de poder defender nuestra soberanía cuando en un mundo globalizado los países individuales son demasiado débiles para defenderse por si solos. En cambio, parece que últimamente hace todo lo contrario y funciona más bien como brazo armado de la FMI y el Banco Mundial. Para que se produzca un cambio hace falta mayor democracia en esta organización supranacional. Las elecciones al Parlamento Europeo se han convertido en poco más que una excusa para castigar a los partidos gobernantes a mitad de la legislatura. La participación es baja y el resultado no refleja las aspiraciones reales de los europeos. Las políticas de ajuste que adoptó Zapatero hace un año y que acabaron con su carrera política y con la imagen de su partido se debieron a que ante un Consejo de Ministros y un Parlamento dominados por la derecha, no le quedó alternativa. Sin embargo, no obedeció ninguna lógica que unos ciudadanos que un año antes habían elegido a la derecha para representarles en el PE luego se quejaran cuando su gobierno nacional se quedó sin oxígeno para aplicar medidas de izquierdas.

Hace falta más democracia en la Unión Europea. Hay que dar más poder al Parlamento para que gane peso frente a un Consejo de Ministros que sólo produce políticas de chapuza, carentes de eficacia para solucionar los graves problemas de la región. Hay que aplicar unas reformas institucionales tan urgentes como son difíciles debido a los obstáculos que algunos países ponen en las ruedas, y principalmente el Reino Unido donde el partido gobernante se siente incapaz de superar sus conflictos internos, agravados por la aparición de unos partidos extremistas como el UKIP que buscan paralizar el desarrollo institucional de la Unión Europea con el fin de minar aún más su credibilidad entre los ciudadanos y conseguir su eventual desaparición.

Los principales motores del desarrollo de la UE siempre han sido Francia y Alemania. Pues, no nos debe sorprender que estamos donde estamos si nuestro futuro está en manos de un presidente bling, que sólo quiere verse en los papeles, y una canciller alemana que no es capaz de enfrentarse a la ortodoxia de sus estamentos económicos. Mientras estos países no reconozcan su responsabilidad o impulsen una verdadera transformación de la UE que devuelva poder a los ciudadanos y la convierta en un auténtico y legítimo contrapeso a los gobiernos nacionales, sólo nos queda esperar a que los radicales euroescépticos británicos vean su sueño convertirse en realidad. Sin embargo, nosotros también podemos actuar y decir en voz alta que no queremos menos Europa, sino más, y sobre todo, una Europa más democrática

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