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"La niña de Rajoy es socialista"


Ha sido la frase de la noche. El resultado de las elecciones generales ha demostrado que el deseo más fuerte de los españoles es el de evitar que el país se deslice hacia una derecha intolerable. Para ello, muchos votantes han optado por votar al Partido Socialista, incluso al coste de los escaños de los partidos minoritarios.

Se ha consolidado el bipartidismo, pero ha ganado la sensatez. Izquierda Unida, con el liderazgo encomendable de Gaspar Llamazares ha sufrido un golpe muy fuerte, y poco merecido. Pero la crispación de los últimos cuatro años, y las amenazas del Partido Popular de hacer retroceder España en los derechos sociales alcanzados en los últimos 4 años ha sido suficiente para unir el voto de izquierdas y conseguir una victoria más holgada para Zapatero, con mayores posibilidades de coalición que las de los últimos 4 años.

El Partido Popular no dará tregua. Federico Jiménez Losantos ya ha dado el primer asalto intolerable, tachando al PSOE de 'juntacadáveres'. Una acusación que en un país como el Reino Unido sería considerado una calumnia inaceptable, y que sólo sirve para avalar el artículo del Financial Times de la semana pasada en el que se criticó al PP por seguir sin dejar atrás sus viejas actitudes franquistas.

El PSOE tiene una mayoría más amplia para gobernar, pero dudo que el PP se desmarque de su política basada en la deslealtad. Dudo que haya aprendido que la opinión de los votantes ha de ser respetada. Que cuando votan los ciudadanos en una democracia, no son manipulados, sino ejercen sus derechos y han de ser escuchados. Lo dudo mucho, pero espero haberme equivocado. Y espero que pronto el PP vuelva a encontrar el centro político y que su líder, sea quien sea, aprenda que el principal partido de la oposición no debe comportarse como una asociación de estudiantes de ultraderechas, sino como un partido con sentido de estado. Veremos a ver qué ocurre... De momento, celebremos otro día feliz para la democracia participativa en España.

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