martes, enero 31, 2012

No reces al sol, Sr. Rajoy


“Creo que ya ha pasado lo peor. Ahora que el Gobierno ha tomado medidas de verdad, seguramente empezará a reactivarse la economía”. Se trata de un comentario que escuché ayer, mientras conversaba con un vecino con el que me encontré en el Metro camino a casa.

Me alegro sinceramente de que después de que durante tantos años la derecha criticara lo que denominaban el ‘optimismo antropológico’ del Presidente Zapatero, por fin se ha vuelto a permitir que la gente tenga esperanzas de que la crisis vaya a ser más corta de lo que se viene previendo, y aún a pesar de las medidas de austeridad que parece que están conduciendo el país hacia una segunda recesión. Es lo que tiene contar con el apoyo ciego del 90% de los medios de comunicación del país. Vamos, es verdad que no se han cumplido las previsiones del PP que prometió en campaña que nada más tomar las riendas, la gente iba a empezar a atar los perros con longanizas. Sin embargo, es natural que después de la dureza de los últimos años, empecemos a buscar la luz al final del túnel, y que aunque no esté allí, por lo menos lo intentemos imaginar.

Una entrada interesante publicada hoy en el blog de Cotizalia parece contradecir los argumentos de los que creen que el ajuste por si solo vaya a servir para reactivar la economía, y después de echar la culpa al anterior Gobierno por no cumplir sus objetivos del déficit, ahora nuestro adivino de huelgas generales se ha dado cuenta de que tampoco va a alcanzar su propia meta y está pidiendo a la Unión Europea que le permita flexibilizarla. No sería mal idea. La economía también requiere estímulos, y tal y como señala el blog de Cotizalia, tener un 3% de déficit ‘no va a garantizar el crecimiento, empleo, ni mejores condiciones… y la propia Comisión decía que era una regla estúpida’.

Se dice por allí que para reducir el paro en España al 8,5%, una cifra que en cualquier país se consideraría muy grave y que en España ni se alcanzó en plena burbuja inmobiliaria, requiere un crecimiento de un 3,5% durante 11 años. Sólo un milagro económico nos permitiría ir más rápido, y no parece que los actores económicos tradicionales estén en condiciones de conseguirlo. Alcanzar ese milagro –y creo que sí debemos ser optimistas e intentarlo– requiere estímulos, pero no cualquiera. Sobre todo hace falta facilitar la vida a los emprendedores para que tengan menos miedo al riesgo y empiecen a desarrollar proyectos innovadores. Sin embargo, en un país en el que se tarda un mes para crear una empresa y ser autónomo tiene unos costes de seguridad social tan altos que conducen a gran parte de los que empiezan a trabajar por cuenta propia a realizar sus actividades en negro, muchas veces cobrando a la vez el paro, no parece que vaya a ser tarea fácil.

Recuerdo como hace unos tres años un empresario israelí me explicó como sólo había alcanzado el éxito luchando y que en absoluto creía en la buena suerte. Esa es la actitud que necesitamos en España y en Europa. Realizar un ajuste que todo el mundo dice que va a empeorar las cosas y rezar para que salga bien quizás no sea en estos momentos la mejor solución.

viernes, enero 27, 2012

¿Cómo financiar un proyecto periodístico en 2012?

El proceso de transformación que le toca a la prensa tras la revolución de Internet y la rápida desaparición del papel no va a permitir la rentabilidad a corto plazo. De ello estoy cada vez más convencido. Los diarios hace tiempo que dejaron de ser la plataforma publicitaria por excelencia, pasando el relevo a buscadores como Google y posteriormente a redes sociales como Facebook o Twitter, que ocupan el centro de la actividad de los consumidores en Internet. Los medios online son un mero apéndice a estos grandes distribuidores de contenidos y no van a generar de un día para otro las ingentes cantidades de dinero que serían necesarias para que se realizaran trabajos de periodismo investigativo a la altura de los que hicieron famosos profesionales como Carl Bernstein o Bob Woodward.

Internet ha canibalizado por completo el negocio periodístico y en cierta medida es necesario volver a inventar la rueda. Sin embargo, la revolución de Internet es un fenómeno mucho más complejo que las transformaciones que la procedieron. La mecanización de la imprenta fue un hito enorme para el desarrollo de la prensa que permitió establecer un modelo de negocio que duró un montón de años, generando riqueza para los grandes magnates de la comunicación. Sin embargo, con Internet, aunque habría que ser ciego o estúpido para no reconocer que lo transforma todo, seguimos sin saber con qué herramientas jugamos. Cada año el entorno online vuelve a evolucionar, aparecen nuevas aplicaciones, se transforma el uso que hacemos de las redes sociales, se demuestra la inviabilidad de montones de negocios mientras unos pocos de repente ven la luz y logran obtener beneficios, aunque siempre menores de los que desean los analistas. En este contexto, hablar de encontrar la piedra filosofal es una actividad –perdónenme la redundancia- más filosófica que real.

Ante esta realidad, sólo veo dos opciones alternativas para rentabilizar el negocio de los medios, que en resumidas cuentas, son: 1. La filantropía y 2. El crowdfunding.

En relación a la segunda opción, el diario Público ya ha iniciado un interesante experimento con el fin de intentar salvarse tras entrar en concurso de acreedores nada más iniciarse el nuevo año. Ya veremos si sus lectores, o por lo menos algunos de ellos, están dispuestos a contribuir su dinero para sostener un proyecto de periodismo independiente, que si tuviera éxito podría servir como ejemplo para muchos más. Veo el crowdfunding como una opción viable para algunos casos muy específicos en los que exista una gran demanda social para la supervivencia de un determinado proyecto periodístico que no sería viable sólo a nivel comercial. Además del caso Público, está el de Periodismo Humano, que permite a sus lectores convertirse en socios si pagan una cuota anual de 50 euros a cambio de nada más que la sensación de estar colaborando con una causa positiva. No sé cómo les va, quizás algún lector de este blog sea capaz de aportar algún dato al respecto. Sin embargo, mientras este modelo puede, quizás, funcionar para la prensa generalista, no sé hasta qué punto serviría para la especializada si no quiere perder su independencia.

La primera opción también tiene sus debilidades. Históricamente, algunos de los magnates más importantes de la comunicación se dedicaban a la impresión de periódicos casi exclusivamente como una afición que les diera prestigio que les facilitara el acceso a negocios más lucrativos. Rupert Murdoch declaró ante el Parlamento británico que su negocio en el Reino Unido sólo representaba una parte muy pequeña de su negocio internacional. Sin embargo, ser propietario de The Times le aportó credibilidad y sirvió de plataforma para adoptar una posición hegemónica en los medios anglosajones. El escándalo de las escuchas en el News of The World, en cambio, hace peligrar el futuro de todo su imperio.

También en el Reino Unido, en 2010, el empresario ruso, Alexander Lebedev, adquirió The Independent, salvando así un proyecto periodístico en perpetuo riesgo de terminar en tragedia. Aseguró que no se metería con la línea editorial del periódico ya que su principal objetivo era ganar reconocimiento y credibilidad en el mercado británico y europeo. Sin embargo, es difícil creer que un periódico de su propiedad vaya a publicar algo que perjudique directamente a sus intereses empresariales.

Seguramente también hay otros modelos alternativos pero para descubrirlos es necesario experimentar, y para experimentar se necesita capital. En 2011, en medio de una grave crisis global, lo que más necesita el negocio periodístico no son bancos o accionistas que exijan rentabilidad a corto plazo sino el apoyo de personas y organizaciones solventes dispuestas a arriesgar, y sobre todo a dejar que otros arriesguen con su dinero, experimenten, innoven y busquen maneras originales para generar información de calidad y presentarla en un formato lo suficientemente atractivo como para conquistar las nuevas audiencias online. Sólo en España, miles de periodistas están por la labor. Lo único que les falta es alguien que les pague un buen sueldo.

jueves, enero 26, 2012

Un mundo aparte

Hoy, según leo en The Guardian, el ex dictador guatemalteco, Efraín Ríos Montt, tenía previsto comparecer ante el tribunal para responder a cargos de genocidio durante su régimen sangriento de principios de los años ’80.

Se trata de sólo uno de diversos juicios en países latinoamericanos a algunos de los líderes más crueles de su historia. El lunes, el Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, pidió perdón por una masacre de 1.000 hombres, mujeres y niños en 1981. Juan Manuel Santos de Colombia, por su parte, ha pedido perdón en nombre del Estado por otra masacre hace 13 años de unas 50 personas en El Tigre durante una ofensiva contra la guerrilla. Mientras tanto, Argentina ha imputado por primera vez a un empresario por colaborar en los abusos durante la dictadura militar del país austral.

Mientras América Latina avanza, reconoce y juzga los abusos de su pasado, en España es llamado a declarar un juez de gran reconocimiento internacional por nada más que intentar investigar los crímenes de otra dictadura mucho más larga y mucho más sangrienta. El mismo que hace 13 años revolucionó el derecho internacional al solicitar la extradición del Reino Unido de Augusto Pinochet. Y se sigue defendiendo una amnistía que contraviene el derecho internacional, así como la amnesia colectiva como alternativa a la catarsis.

Como si de dos mundos se tratara. Un continente progresa en lo económico y lo social, mientras otro, Europa, retrocede en todos los ámbitos.

miércoles, enero 25, 2012

Vagabundo en Madrid: Nos esperan tiempos aún más duros



Escribir cada día una nueva entrada en un blog sobre la actualidad sin tener en cuenta la actualidad real, que no es más que la que presenciamos en la calle en el día a día, sería un ejercicio carente de sentido.

Pues, durante mi breve estancia en Londres el pasado fin de semana, me preguntaron, «Si yo fuera a Madrid estos días y caminara por las calles, ¿me resultaría muy visible la situación de crisis que se vive?» Mi respuesta fue que básicamente no, que la gente lo está pasando mal, hay mucho paro, temor y desilusión, y desde luego no se consume tanto en las tiendas, sin embargo, para el turista la imagen es de unos restaurantes y bares llenos y de un paisaje urbano bastante parecido a cómo siempre ha sido. De hecho, con la crisis hay menos obras y las calles están más bonitas y transitables.

No mencioné, sin embargo, la creciente presencia de gente pidiendo limosnas en la calle, algo que sí había notado desde hace tiempo pero que todavía no me parecía tan destacado, al menos en las calles más pudientes del centro de la ciudad, o por lo menos no lo suficiente como para querer asustar a los míos con el dato. Sin embargo, hoy al regresar del trabajo, por primera vez he visto como una señora joven y bien vestida pedía ayuda en el metro ya que llevaba dos años en paro y no tenía dinero para cubrir los gastos básicos de su casa en la que tiene hijos. Se notaba claramente su pudor cuando explicaba su situación a los viajeros. Reconoció que seguramente no era la única que lo estaba pasando mal y que sin duda habría más gente en el mismo coche en una situación igual o peor que ella, por lo que les pedía disculpas. También afirmó que recibía ayuda de Cáritas que le permitía cubrir algunas necesidades pero que le dejaba todavía con muchas facturas por pagar. Explicó que seguía enviando su currículum con vistas a conseguir algún empleo, pero que de momento no había conseguido nada y que por eso había decidido tomar esta decisión de pedir dinero a los pasajeros del metro.

La pobreza es una tragedia, sea quien sea quien la padezca, sin embargo, para cualquier ser humano es especialmente impactante ver a personas que podrían ser tú mismo, o cualquier conocido cercano, perder todo lo que tienen, e incluso su propia dignidad, porque nadie les ofrece un trabajo, que es un derecho, y porque ni siquiera el Estado en un país rico y occidental es capaz de apoyarles cuando la prioridad política y económica es devolver a los bancos las deudas que contrajo con ellos con el fin de prevenir el hundimiento de esas mismas entidades financieras. Personas que han visto estupefactos durante años como otros pedían limosnas y que ahora se dan cuenta de que seguir su ejemplo es la única manera de seguir adelante. Antes siempre podías buscar alguna justificación por las desgracias de los demás para poderte tranquilizar: La ruptura de una relación, una minusvalía física, problemas con el alcohol, las drogas,… sin embargo hoy nadie está a salvo del riesgo de perderlo todo.

Sé que para muchos no es noticia. Ya me han contado unos cuantos que han visto escenas parecidas, sin embargo, hoy me ha tocado a mí golpearme con esa realidad en primera persona, y seguramente a medida que se les vaya acabando el paro a los que perdieron el trabajo en los últimos años, en los próximos meses la situación será cada vez más dramática. Hasta hoy, lo que quedaba del estado de bienestar nos ha permitido ocultar de la vista una parte de la dura realidad que nos toca, sin embargo, ahora tendremos que quitar el velo y ver a plena luz en qué país y en qué continente nos estamos transformando. Cuando el 25% de la población está en paro, no se salva nadie de los efectos en la economía real.

No podría finalizar mi entrada sin ofrecer una opinión: El mundo, Europa, España,… todo se ha transformado en los últimos años. Nada es lo que era y si el Gobierno cree que recuperando las políticas de décadas anteriores nos van a sacar del atolladero están profundamente equivocados. Tienen que tomar decisiones duras, y eso quiere decir tomar decisiones que les costarán porque impactarán no sólo en sus votantes sino en ellos mismos. Tendrán, en definitiva, que decidir si fue un acierto o un error entrar en el euro a costa de perder la competitividad a nivel europeo y mundial, y si la única manera de recuperar el bienestar y la dignidad de los trabajadores es por medio de una devaluación. No digo que sea necesariamente el paso que hay que dar. Por supuesto, a corto plazo, el impacto será durísimo. Sin embargo, tienen que preguntarse si al no tomarlo el impacto a no muy corto plazo será más duro aún. No hace falta más que mirar lo que ocurre a nuestro alrededor para darnos cuenta de que llegó el momento de hacer de tripas corazón, de poner fin a los tabúes que nos paralizan y de adoptar las políticas que nos permitirán más pronto que tarde empezar a ver la luz al final del túnel muy oscuro en el que nos hemos metido. ¿Será el partido que nos metió en este corsé capaz de mirar la realidad sin telarañas en los ojos? Mucho me temo que no, pero si no empiezan a hacerse estas preguntas difíciles, sin duda estaremos cada vez peor.

martes, enero 24, 2012

¿Y cuántos nuevos despertares nos esperan?

¿Cuántos hombres murieron a manos de Occidente? ¿Cuántos genocidios se cometieron para establecer el poderío de los países europeos en la mayor parte del mundo? ¿Y cuántas personas siguen muriendo, y cuántos genocidios se siguen cometiendo, consecuencia del desdén de los ‘países ricos’ por los derechos de los derechos de los habitantes de África un pueblo que nos parece mejor subyugar con fin de obtener las materias primas y los precios baratos que necesitamos para sostener nuestro estilo de vida?

Lo más curioso de todo ello es que no nos consideramos personas malas por definición. Hasta soñamos por un mundo mejor, participamos en trabajos de voluntariado para intentar paliar el sufrimiento de nuestras víctimas y damos parte de nuestros sueldos a organizaciones solidarias. En definitiva, hemos encontrado mecanismos para convencernos de que el modelo que tenemos es el mejor posible, de asumir que lo que hay en los países pobres es ‘subdesarrollo’, y que con el tiempo todo mejorará. Hasta los habitantes del mundo en vías de desarrollo a menudo defienden el ‘sistema’. Cuando hace 10 o 15 años se debatía la posibilidad de perdonar la deuda de los países africanos, había quien decía, al igual que se dice hoy sobre Grecia, que había que imponer la disciplina económica a aquellos países para ayudarles a avanzar, a acabar con la corrupción política y a integrarse de manera eficaz en el mundo capitalista.

Puede que sea verdad, pero eso no quita que los métodos que hemos utilizado para llegar a donde estamos se basaron en conceptos racistas y genocidas; la idea de que culturalmente Occidente era superior y que lo que había que hacer era acabar con la gente bárbara que impedía el avance de nuestra civilización. Ganamos la I y la II Guerra Mundial, acabamos con Hitler y Stalin, unos locos paranoicos que organizaron nuevos genocidios con el mismo deseo de diseñar el mundo a su manera. Eran los genocidas malos, a diferencia de los genocidas buenos, como Franco que impidió que el comunismo atravesara los Pirineos; Saddam Hussein, que mataba a los kurdos pero que nos servía como barrera de contención frente a Irán; Pinochet, que impuso el neoliberalismo, botas mediante, en el país andino; o tantos sátrapas árabes que permitieron que siguiera fluyendo el petróleo hasta nuestros países.

Por supuesto, desde dentro las cosas se ven de otra forma. Reconocemos nuestra propia humanidad como individuos, la religión nos ayuda a creer que somos seres libres que actuamos sólo por el deseo de hacer el bien, y a olvidarnos de que somos ante todo actores económicos, que recurrimos al olvido para poder seguir avanzando en unas pequeñas obras que creemos positivas gracias a la ceguera de no poder ver el impacto que nuestras acciones tienen en las cosas que suceden al otro lado del mundo. Algunos llegamos hasta a creer en el Cielo y el Infierno para de alguna forma explicar tanto contraste y tanta injusticia y crueldad en el mundo. Y por supuesto, Hollywood nos recuerda cada día que vivimos en un mundo de buenos y malos, y que nosotros somos los buenos. Al igual de todas las sociedades, construidas según el modelo del estado nación, un modelo que no existiría si no fuera por el ejercicio del fascismo en sus diversas formas, tenemos nuestros esquemas y nuestros valores que nos permiten justificar nuestra realidad, defenderla a ultranza y creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Desde dentro creemos que las cosas no están tan mal, aunque desde fuera se ven bien distintas. Viviendo en Cuba, vi de primera mano lo que supone padecer una dictadura, con el privilegio de saber que sólo tendría que estar allí 12 meses y que después tendría la posibilidad de salir y de realizarme en un país que permite la diferencia, el debate, la libertad de pensar y de sentir. Con el tiempo, incluso escapé de mi propia dictadura autoimpuesta, la de la religión, otra forma de control y de represión de nuestra naturaleza humana. Como individuos, en 2012, tenemos mucha más libertad aquí que allá, sin embargo, ¿hasta qué punto depende nuestra libertad de la esclavitud de otros? Y por mucho que pensemos, ¿de verdad somos libres para actuar según nuestras convicciones? Si lo fuéramos, seguramente sentiríamos más completos, más realizados, menos estresados, y nos levantaríamos cada día con otro tipo de energía. El lunes dejaría de ser lunes para transformarse en algo parecido al viernes. El día en el que volvemos a empezar a construir algo que queremos.

El ser humano lleva muy poco tiempo en la Tierra y para los que tenemos el privilegio de vivir en un país rico, no es difícil convencernos de que vivimos en el mejor momento histórico. En realidad, es así. Sufrimos mucho menos que nuestros antecesores. Los libros de historia nos ayudan a recordar que antes que nosotros hubo mucho sufrimiento que no queremos revivir. Sin embargo, sólo si tuviéramos la capacidad de ver o imaginar el mundo dentro de 500 o 1.000 años, podremos saber realmente en qué momento estamos en el desarrollo de nuestra civilización. Desde luego, estoy seguro de que si es que sobrevive -algo muy dudoso a la vista del más absoluto desprecio que mostramos por nuestro entorno- algún día nuestros herederos estudiarán la vida de nuestra época y agradecerán no haber estado allí.

La crisis nos despertó de la hipnosis de una bonanza económica en la que la gente repetía cual autómatas que el precio de la vivienda nunca bajaba. Pero, ¿cuántas otras cosas estamos soñando? ¿Y cuándo aprenderemos a decirnos la verdad?

martes, enero 17, 2012

Este barco se hunde


Un barco que se hunde; una empresa de cruceros que cree que al contratar personal sin experiencia y completamente incapaz de organizar la evacuación de una nave, puede ahorrarse un buen dineral; un capitán despavorido y cobarde que pone su vida por delante de las de los más de 4.000 pasajeros de los cuales es el primer responsable; unos pasajeros dispuestos a matarse para poder subirse a un bote de salvamento… ¡Qué cruel metáfora del estado de nuestro continente!

Por lo menos había algunos de otras regiones y continentes dispuestos a hacer un esfuerzo para intentar salvar a alguno más que a ellos mismos. Por lo menos había algunos isleños, desacostumbrados al egoísmo y el sálvese quien pueda de muchas ciudades europeas hoy en día, preparados para echar una mano para que los pasajeros rescatados no se murieran del frío nada más tocar tierra. Por lo menos algo de humanidad queda en este mundo.

Nos creemos más avanzados, más civilizados, pero en realidad pasa todo lo contrario. Los excesos de los años de bonanza no sólo acabaron con nuestro estado de bienestar, arrasaron con nuestro sentido de solidaridad como seres humanos, tan convencidos estábamos de que era posible salir adelante sin la ayuda de nadie más. Ahora toca a otros dar el ejemplo para algún día volvamos a aprender que pertenecer a una sociedad también demanda sacrificios.

lunes, enero 16, 2012

El plan de formación de Cameron: Trabajar gratis en el ‘Todo a 100’

En España, con casi un 25% de paro, por lo menos tenemos la seguridad de que si un joven con estudios consigue un puesto de reponedor en una tienda de chinos, algún sueldo cobrará. No así en el Reino Unido donde el gobierno conservador de David Cameron ha introducido una novedosa medida para reducir el paro: Trabajar gratis.

Una trabajadora británica acaba de demandar al Gobierno británico por obligarle a trabajar sin cobrar durante seis semanas en una tienda de ‘Todo a 100’, bajo la amenaza de perder su subsidio por desempleo de 53 libras/ semana si rechazara la oferta. Y no se trata de un caso aislado. La pérfida Albion ha recurrido a los libros de historia para solucionar la crisis económica recuperando la esclavitud. La prioridad no es reducir el paro sino encontrar una manera de reducir los costes empresariales para que puedan competir, y  qué mejor medida que ofrecerles trabajadores por la cara.

Lo más curioso del caso es que la opinión pública, o por lo menos la que se refleja en los medios de comunicación, apoya las medidas del Gobierno. El Daily Mail, por ejemplo, ha criticado duramente a la trabajadora por recurrir a la justicia y le ha acusado de menospreciar el trabajo de reponedor. No se trata de menosprecio, por lo menos hasta 2010 ser reponedor en una tienda era un trabajo digno. Otra cosa es sustituir los empleados por esclavos. Desde luego, no servirá para aumentar el empleo pagado sino permitirá a las tiendas y supermercados acostumbrarse a operar sin pagar la nómina de los trabajadores.

Napoleón se refirió al Reino Unido como un país de tenderos. Pues, ahora podemos estar seguros de que con la política de formación de Cameron seguirá así, pero que no esperen ganarse la vida. Cobrar un salario es taaaaaan pasado de moda. Y si te cuesta creerlo, pregúntaselo a un periodista. Siempre han liderado las tendencias.

sábado, enero 14, 2012

La pequeña tienda de curiosidades nos saca de nuestro sueño virtual… y lo hace real

La crisis existe en nuestros bolsillos y en nuestros trabajos. No pasan 24 horas sin que nos enteremos de nuevos recortes y despidos. Y hace unas horas Standard & Pauvres nos ha rebajado el rating, al igual que el de numerosos otros países, como broma divertida tras darse cuenta mientras ingerían caviar en uno de sus carísimos saraos de que la fecha era viernes y 13.

La otra cara de la moneda es que los restaurantes están llenos y que incluso hay algunos en los que hay que reservar con dos meses de antelación. La calle Ortega y Gasset luce cada vez más, no menos marcas de lujo, y por la calle Fuencarral y las aledañas a la Plaza de Chueca florecen boutiques de todo tipo. Negocios de emprendedores creativos que buscan ofrecer algo diferente y que poco a poco van transformando este céntrico barrio en una especie de Covent Garden a ritmo madrileño, con el mercado de San Antón como centro neurálgico y sibarita. También nos sorprende el creciente número de hamburgueserías retro al estilo neoyorquino de los años ’50 y ’60. Desde luego, queremos sentirnos en otra parte. Recorremos Madrid y de repente nos trasladamos a una escena de una película de Woody Allen. La gran pantalla entra en nuestras vidas del día a día y nos transporta a un paisaje nuevo, a medio camino entre la realidad y la ficción.

Decían que Internet significaría el fin del pequeño comercio de barrio – que sería sustituido por los creativos en sus almacenes y garajes - sin embargo, no hay que caminar mucho para recordar que difícilmente Internet supera la experiencia de entrar en una tienda con un escaparate divertido que anuncia objetos únicos y originales que no te habría pasado por la cabeza buscar pero que de repente se convierten en esenciales. La creatividad tiene premio en estos tiempos en los que es tan difícil salir a flote, sin embargo, los precios, incluso en época de primeras y segundas rebajas, no son precisamente baratos. Sigue siendo más asequible comprar en Zara o H&M, aprovechándose de la mano de obra barata de los países emergentes mientras con la boca pequeña cargamos contra los bancos, la globalización y la mano invisible del mercado. Es complicado ser de izquierdas y coherente. Ante la sequía del crédito, cuanto más bajos son nuestros ingresos, más estamos obligados a ahorrar. El delicatesen local se sustituye por Mercadona y los juguetes se compran en la tienda de chinos. En cambio, si eres de izquierdas y encima te puedes permitir comprar de forma ética, te tildan de bohemio burgués, una crítica absurda cuando piensas en el círculo virtuoso que representa el comercio justo para la economía y la sociedad en su conjunto.

También es más barato comprar en Internet, se repite cansinamente. Y si se cerrara Internet, ¿sería una manera más eficaz de reactivar el consumo que los recortes en políticas sociales y en estímulos para el pequeño comercio? Otra vez tendríamos que salir a la calle para hacer las compras, para comprar el periódico en el quiosco de la esquina. Habría un nuevo amanecer para las ciudades y las tiendas del barrio. Permitiría el desarrollo de ciudades más habitables. Quizás. Sin embargo, el retroceso desde luego no es la solución. Una de las cosas que más llaman la atención de los nuevos comercios de barrio es la url dibujada en grandes letras en la bolsa de papel en la que te entregan tus compras. Internet y el comercio tradicional van de la mano. La web te permite descubrir aquella tienda de curiosidades a 10 minutos de tu casa, pero que sin Google, Twitter o Facebook nunca habrías encontrado.

Para algunos, Internet es símbolo de la globalización, de la desaparición de las fronteras, de la deslocalización. De todas formas, si se aprovecha con sabiduría también tiene la clave para revitalizar nuestros barrios y para crear una sociedad más justa y más local. Para ello tenemos que volver a respetar lo real de la misma forma con la que amamos lo virtual. Salir del bache no es cuestión de abandonar el mundo físico y entrar sonámbulo en el mundo virtual sin billete de vuelta. El mundo físico es el espacio que habitamos. Internet nos permitir comunicarnos y recordar a todos los demás que estamos aquí.

Lo mismo pasa con la prensa. Nunca había sido tan fácil compartir contenidos y hacernos oír. Sin embargo, esa capacidad de promocionarnos que nos da Internet no debe ser excusa para escondernos detrás de la pantalla del ordenador a la espera de monetizar de forma mágica nuestros esfuerzos a través de la publicidad de otros productos por los que no queremos pagar. Así lo único que conseguirá la red será canabilizar nuestra riqueza y condenarnos a la creciente pobreza. En cambio, sí se debe aprovechar la web como trampolín para dar vida y oxígeno a todas las cosas que hagamos en la vida real para así vivir más plenamente, a gusto con nosotros y con nuestro entorno. Y si encima nos ofrece un retorno, mejor que mejor.

jueves, enero 12, 2012

Los cerdos no vuelan pero por lo menos pueden soñar

Mañana, ¿qué será de mañana? Cada día un nuevo horror, una nueva suspensión de pagos, un nuevo ERE, un nuevo aumento de nuestra prima, el riesgo. Qué poca esperanza tenemos los que luchamos por superar este bache tan cruel que atraviesa este país que es nuestro, bien por nacimiento, bien por adopción.

Seguir, aguantar, sufrir, huir, migrar, escapar, volar, aterrizar... Pero, ¿hasta dónde se puede escapar si encima nos dicen que todo es cíclico, y que ningún país está a salvo del frío dictado de los mercados? Seremos cada día menos libres, tendremos que trabajar más, descansar menos, luchar. Todo el sueño de un mundo más igualitario se evapora cuando vemos que quien tiene tiempo para ganarse el pan no tiene tiempo para tener una familia.

Y encima para los que trabajamos en el sector de la comunicación: Unos medios que no pueden pagar a sus trabajadores, unos lectores que lo quieren todo gratis, unas empresas que piden cada vez más por cada vez menos, unos consumidores que no quieren consumir, unos bancos que nos quieren consumir.

Por cada país que emerge nos dicen que otro tiene que sumergirse bajo las aguas del océano. Y ahora le toca al nuestro. Bienvenidos a Atlantis, la ciudad casi perdida. Además, es nuestra culpa por haber querido hacernos ricos a coste de los demás. Busca una pareja de baile, baila libremente y pídele que siga todos tus pasos. Luego baila cada vez más rápido, con movimientos cada vez más bruscos hasta que se agote. Pero después, recuerda que es un juego y ahora le toca a él bailar y tú le tienes que seguir. Llega el momento de la venganza. 

¿Así es el momento en el queremos vivir? ¿Ha llegado el momento de la venganza? ¿O quizás seamos nosotros los que seguimos fastidiando al mundo, vendiendo nuestras deudas, nuestras desgracias y nuestras almas a los chinos para que dentro de unos años ellos también sufran la mayor crisis de la historia y tengan que vender sus deudas a los bancos de alguna sociedad extraterrestre?

¿Tanta negatividad realmente nos va a sacar de la crisis? ¿La historia ya está escrita o la podemos inventar nosotros? ¿Estamos destinados a seguir nuestras cabezas hasta el abismo y más allá, o podemos volver a escuchar a nuestros corazones y volar con ellos hacia un lugar más alto y sublime? ¿Tenemos que seguir lo racional, que nos dicta hacia donde tenemos que ir, o podemos hacer caso al órdago de Galeano y soñar?

Habría que crear un nuevo partido político: El Partido de los Soñadores Españoles, para contrarrestar el fatalismo del Partido del Submundo y el Partido del Infierno de Dante. Habrá que recuperar las ganas, no esperar que la suerte nos vuelva a tocar dentro de 1000 años, sino permitir que todo el mundo pueda enriquecerse, no a coste de los demás sino gracias a compartir y a construir. En definitiva, a bailar con la pareja y no consumir la pareja con el baile.

¿Estoy soñando? No sabía qué iba a escribir hoy o si iba a escribir algo, pero me ha salido esto. ¿Es un sueño? ¿Estoy despierto? ¿Estoy aquí? Y mañana, ¿qué nos traerá?

miércoles, enero 11, 2012

Escocia, ¿independiente?



Hoy, por fin, sabemos que como tarde en 2014 los escoceses podrán votar por la independencia. El Primer Ministro del país vecino de Inglaterra ha prometido organizar un referéndum y quiere que se realice en sus propios términos. De inmediato, se ha avivado el debate entre los partidos ‘pro-unión’, es decir los conservadores, laboristas y liberal demócratas, por un lado, y los nacionalistas escoceses, liderados por el carismático primer mandatario, Alex Salmond, por otro. Sin embargo, el debate no gira en torno a los  beneficios o no de la separación, sobre si una Escocia independiente debería integrarse en el euro, o si debería mantener a la Reina como Jefa de Estado, sino sobre el procedimiento según el cual se realizará la consulta.

El Primer Ministro británico quiere que el Parlamento de Westminster retenga algún control sobre la fecha del referéndum y quiere evitar que Salmond incluya en la consulta una tercera opción intermedia, definida como ‘autogobierno max’, según la cual los escoceses conseguirían todo menos la independencia total, es decir, algo similar al estatus actual del País Vasco. Según todos los sondeos, menos del 40% de los escoceses quieren abandonar el Reino Unido, sin embargo, el gran estratega político, Salmond, cree que si juega bien las cartas y consigue provocar una guerra dialéctica entre Londres y Edimburgo, servirá para polarizar a la opinión pública, aumentando así la popularidad de su causa al norte de la frontera. Si además consigue retrasar el voto hasta 2014 le aumentará las posibilidades de dar un giro a los sondeos, algo que Cameron quiere evitar a toda costa, aunque el resultado sea la opción intermedia, que podría ser interpretada como un paso más en la dirección de una eventual separación.

Pero, ¿qué pasará al final? En mi opinión, es poco probable que los escoceses voten a favor de la independencia total, aunque si lo hicieran tampoco tendría un impacto muy importante en el día a día para los británicos. Escocia ya cuenta con su propio sistema de salud pública y autogestiona sus colegios, institutos y universidades. De hecho, a diferencia de Inglaterra donde los estudiantes tienen que pagar hasta 15.000 euros al año para matricularse en una universidad pública, la educación superior en Escocia es gratuita y la calidad es excelente. El único riesgo que veo es en política fiscal. Si Escocia decidiera elegir el camino de la independencia pero sin abandonar la libra, podría ser desestabilizador para la moneda. Si en cambio Escocia optara por el euro, esto dejaría de ser un problema. En cambio, donde sí tendría un gran impacto político sería en Inglaterra, un país profundamente conservador en el que en los últimos años sólo ha habido alternancia entre gobiernos de izquierda y derecha gracias a los votos de los escoceses, por naturaleza europeístas, y que cuando no votan a los nacionalistas votan laborista. La presencia conservadora en Escocia es residual.

Una Inglaterra independiente sin duda sería un país muy diferente al que conocemos ahora, y muy posiblemente terminaría saliendo de la Unión Europea para convertirse en una especie de Suiza con fish & chips. Sin embargo, de momento, el tema no me quita mucho sueño. La gran cuestión es cuánto cambiarán las cosas de aquí a los próximos 10 a 20 años.

martes, enero 10, 2012

MÁS contaminación POR MENOS dinero en la Comunidad de Madrid

Mucho se ha hablado y escrito sobre la última campaña de Metro de Madrid en la que nos quieren convencer de que nuestra querida ciudad tiene uno de los sistemas de transporte público más baratos de Europa. La principal crítica que se escucha es que no vale comparación que no tenga en cuenta las diferencias de nivel de vida entre los distintos países del estudio. La Comunidad de Madrid, por su parte, defiende que el precio del transporte público no es el único factor a tener en cuenta para hacer una comparación fidedigna entre el coste de vivir en diferentes ciudades, ya que también habría que sumar las variaciones a nivel fiscal, el coste de la educación, servicios sanitarios, etc.

Por mi parte, me gustaría proponer una medida de comparación bastante eficaz, sobre todo si queremos determinar si la política tarifaria del transporte público fomenta la sostenibilidad. Se trata de calcular la diferencia entre las tasas que tienen que pagar los conductores para conducir un coche contaminante en el centro de la ciudad y las que pagan los peatones para viajar en transporte público. De esta forma, nos permite hacer comparaciones dentro de una misma ciudad por lo que las diferencias del nivel de vida entre ciudades pierden relevancia.

A efectos de esta entrada, limitaré la comparación a dos ciudades: Madrid y Londres, aunque invito a la comunidad a extender el análisis a otras capitales. Pues, en el caso de Londres, cualquier conductor que quiera acceder a la zona central de la ciudad tiene que pagar una tasa diaria de 10 libras (12,10 €), o lo que es lo mismo, 363,00 € al mes. En cambio, el precio de un abono mensual para viajar en metro, autobús o tren en la zona central de Londres es de 112,20 libras (135 €), es decir, un 74% inferior respecto a la tasa que se aplica a los coches.

En Madrid, en cambio, los coches que quieran acceder al centro de Madrid, sean o no de residentes, tienen que pagar una tasa de exactamente 0 €, mientras el abono mensual para utilizar el Metro, el autobús o Cercanías en la zona A tiene un coste de 47,60 €, es decir, la diferencia es incalculable. De todas formas, a esto hay que añadir, por ejemplo, que en Londres el abono mensual caduca 31 días después de la fecha de compra, mientras en Madrid caduca el último día del mes, aunque se haya comprado el día 10, por lo que para determinados usuarios el coste es proporcionalmente aún mayor.

Todos estos datos nos llevan a la conclusión de que contaminar el aire en Madrid tiene un coste muy bajo (es decir nulo) para el consumidor en comparación con las alternativas de transporte más sostenibles. También demuestra que aunque la Comunidad de Madrid subvenciona tanto al transporte público como al transporte por carretera, los viajeros de Metro tienen que contribuir bastante más que los que no lo utilizan, mientras todos tenemos que contribuir la misma cantidad para financiar el transporte por carretera, por poco o mucho que utilicemos el coche. La construcción del túnel de la M30 tuvo un coste que todos los madrileños tendremos que sufragar para el resto de nuestras vidas, sin embargo, el Ayuntamiento se niega a exigir un mayor esfuerzo a los que más se benefician de él.

Está claro que la sostenibilidad y el medio ambiente no son prioridades para el Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid. El lema de la campaña de Metro es ‘Más por Menos’. Efectivamente, en Madrid, a corto plazo, los que más contaminan conseguirán más por menos, aunque a largo plazo todos tendremos que pagar el precio del peor aire en Madrid - sin mencionar las multas de la Comisión Europea -, y más los que vivimos y dormimos en el centro, y nos desplazamos habitualmente en transporte público.

Ah, termino con otro dato: Ayer según datos de la Comisión Europea, el índice de contaminación en Madrid registró una media de 89 puntos, frente a 39 en Bruselas, 50 en Berlín, 69 en París y 81 en Londres, esta última tres veces más grande que la capital de España. Y diga lo que diga la alcaldesa, Ana Botella, la contaminación sí es perjudicial para la salud.

lunes, enero 09, 2012

Pasaron 500 años y todo sigue igual – Una lectura contemporánea de la obra de Galeano

Al leer el ensayo de Eduardo Galeano, ‘Las venas abiertas de América Latina’ 40 años después de su publicación, no puedo evitar encontrar paralelismos con la realidad de hoy. Desde luego, el mundo ha cambiado mucho sólo en las últimas cuatro décadas y el continente que el autor describe tiene enormes diferencias con el de hoy, emergente, optimista, mayoritariamente democrático. Sin embargo, sin entrar todavía a fondo del tema tras leer apenas los primeros capítulos del libro, sí se me ocurren similitudes entre la relación entre el oprimido, el opresor y el vencedor.

A ver si me explico. Galeano relata con su habitual y cautivadora prosa la opresión de los indígenas por los conquistadores españoles sin hacernos olvidar de que el verdadero beneficiario de las expediciones al continente americano en busca de oro y plata no era la metrópoli española sino los demás países europeos que habían financiado la aventura imperialista y que se llevaron como premio toda la riqueza que los españoles fueran capaces de traer, dejando al reino en bancarrota y proporcionando la base financiera para el incipiente desarrollo capitalista del continente. Por supuesto, la derrota de España en aquella ocasión no se debió en exclusiva a la codicia de los banqueros europeos sino también a los errores de la monarquía; empezando por los Reyes Católicos, quienes con su Santa Inquisición expulsaron de España a los comerciantes árabes y judíos que hubieran sido capaces de transformar el fruto del espolio en riqueza y desarrollo para la península ibérica; y posteriormente por las dinastías habsburgas y borbones, incapaces de acabar con la estructura feudal del país.

Han pasado 500 años y acabamos de salir de lo que los medios europeos definían como la segunda conquista de América. Esta vez los protagonistas han sido, por una parte, los banqueros, las empresas energéticas y las de comunicaciones españolas que volvieron a tomar el continente latinoamericano y a base de engaños y sobornos, se enriquecieron a costa del trabajo y el sudor de los ciudadanos. Y por otra parte, los franceses y alemanes que proporcionaron la financiación necesaria para permitir la bonanza que por unos años enriquecería a España sin que la mayoría de los ciudadanos se dieran cuenta, y con tal de abrir el mercado a sus productos y de construir un lugar de descanso para sus jubilados. Y otra vez más, una vez alcanzados los objetivos, ahora nos piden nuevamente el sacrificio y que les devolvamos lo prestado aún a costa de agravar la recesión y de apagar definitivamente la esperanza de millones de jóvenes con estudios. El siguiente paso será la absorción de aquellas grandes empresas españolas que protagonizaron la explosión económica, esta vez no sólo por los europeos que ya se han hecho con Endesa sino también por los chinos (Telefónica vs. China Telecom; los bonos soberanos…) o por los cataríes, que ya han empezado a adquirir participaciones en el Banco Santander. Vemos como la historia se repite y otros se benefician de las nuevas ‘conquistas’ que permitieron ‘el milagro español’.

Sin embargo, al igual que hace 500 años, España no se exime de culpa por su desafortunado destino. Una vez más sus líderes se han mostrado incapaces de transformar la riqueza en progreso. Se recelaron de atraer profesionales y emprendedores capaces de aportar ideas e innovación, prefiriendo centrarse en empleados poco calificados que se mataran construyendo túneles y autopistas cuál indígenas en las minas de Potosí. Crearon una burocracia excesiva que estranguló el emprendimiento interno, y permitieron que unas pocas empresas, principalmente ex monopolios estatales, formasen camarillas y carteles para mantener fuera a cualquiera que intentara desafiar su poderío.

Vivimos en un mundo tecnológicamente más avanzado en el que las distancias se han acortado y las comunicaciones se realizan en cuestión de milisegundos. Sin embargo, el poder se sigue repartiendo de la misma manera de antaño. Unos se hacen ricos, otros son oprimidos y la ‘huérfana España’, utilizando palabras de Sabina, sigue allí, sufriendo.

domingo, enero 08, 2012

¿Crisis local o planetaria?

El divulgador científico, Eduard Punset, ha publicado estos días una entrada en su blog en la que defiende que la actual crisis que estamos viviendo no es planetaria sino se limita a determinados países, de los que cita en particular a España, Portugal, e Irlanda, que han vivido encima de sus posibilidades y que, por consiguiente, tienen problemas para seguir financiándose. Por otro lado, Punset menciona a otras regiones, tales como China, Latinoamérica o la India, que según él no están en crisis sino están experimentando un gran crecimiento que no hace más que generar unos excedentes que son por definición idénticos a los déficits de otros.

Aunque las palabras de Punset esconden una gran certeza, que es precisamente que para cada deudor hay un acreedor y que, por tanto, es imposible hablar de una crisis financiera global sino de unos países que han gastado demasiado y que ahora tienen que amortizar sus deudas; Punset obvia la realidad de que sí existen muchos problemas graves, que sí son planetarios y que si no se corrigen a tiempo, conducirán a una crisis mucho más grave de cuya solución dependerá el futuro de la humanidad.

El crecimiento de los países emergentes, aunque tan justo como deseable, no hace más que agravar la situación del consumo excesivo de los recursos del planeta. La industrialización de países como China o la India lleva implícita una mayor concentración de la población en las ciudades y unos cambios en el estilo de vida, por ejemplo, el mayor consumo de energía o de carne, que necesariamente nos acerca a una crisis energética y alimentaria que si no se resuelve pronto, probablemente no tenga solución más allá de dejar que se hagan realidad las previsiones de Malthus. Ahora los norteamericanos y los europeos se ven obligados a reducir el consumo, sin embargo, si los chinos y los indios no hacen más que aumentar el suyo, inevitablemente les llevará dentro de unos años a padecer otras crisis incluso más gordas que la que estamos viviendo ahora los europeos, y así sucesivamente.

Y es que son precisamente los enormes desequilibrios en el sistema económico a escala planetaria que hacen que el péndulo que alterna entre crecimiento y recesión se mueve a un ritmo cada vez más rápido, aumentando de manera progresiva la brecha entre los dos extremos, de bonanza y de ajuste, y condenando a un cada vez mayor número de personas a la exclusión, ya no sólo en algunas regiones o países sino en todo el mundo.

Hablar de crisis sólo desde el punto de vista financiero, efectivamente, nos permite afirmar que las crisis de unos son oportunidades para otros, sin embargo, se trata esta de una visión miope para los que buscamos crear un mundo más justo en el que la riqueza se comparta de manera equitativa y en el que el consumo se sustente en la necesidad y no en el derroche. En este sentido, cuanto antes aceptemos que más allá de la crisis financiera hay otra crisis planetaria mucho más grave, mejor será para todos.

viernes, enero 06, 2012

Déja-vu

Ayer por la tarde, durante el viaje de regreso de la Alpujarra granadina donde he pasado los últimos días practicando el senderismo, un compañero de grupo nos expuso el estado deplorable de los servicios públicos en Madrid. A modo de ejemplo, nos informó de que hace ya tiempo el Ayuntamiento había derribado el polideportivo de Chamartín, en la Avenida Pío XII. Para mí fue un duro golpe enterarme de la desaparición de la única piscina pública de tamaño olímpico de Madrid, que se suma al cierre y demolición de las instalaciones de La Latina hace dos o tres años con motivo de una reforma que nunca se ha llegado a realizar.

Enseguida, me acordé de mi infancia en el barrio londinense de Richmond. Con la llegada de Margaret Thatcher al poder, se decidió que los deportes no eran un servicio prioritario y se procedió al cierre o el abandono de la casi totalidad de las instalaciones públicas de la capital británica. Recuerdo que me marcó especialmente el cierre del histórico palacio de hielo de Richmond, lugar donde de pequeño había visto a los míticos Jayne Torvill y Christopher Dean conquistar todos los récords en patinaje artístico. Sin embargo, aquello fue sólo la punta del iceberg y en años sucesivos practicar el deporte en unas condiciones dignas se convertiría en un privilegio al que sólo podrían acceder unos pocos.

También me acordé de mis primeros años en España, país al que llegué nada más completar la carrera universitaria con fin de iniciar una nueva vida personal, académica y laboral. En aquel momento, uno de los principales atractivos de este país era que, a diferencia de la Inglaterra post-thatcherista, todavía era posible mantener una calidad de vida razonable sin la necesidad de ser abogado o banquero. Dicho en palabras llanas, existía una clase media; gente que se dedicaba a profesiones como la enseñanza, el periodismo, o las bellas artes, que ganaban poco dinero pero que podían acceder a compartir piso en un lugar céntrico, salir de vez en cuando con los amigos, y que con el pago de sus impuestos tenían derecho a la sanidad, a la educación para sus hijos si alguna vez los tuvieran, y a disfrutar de unas instalaciones públicas financiadas con la ayuda de todos los españoles.

Sin embargo, en el año 2000, gobernaba en España José María Aznar mientras en Madrid compartían el poder dos políticos del PP; José María Álvarez de Manzano en la alcaldía y Alberto Ruiz-Gallardón en la Comunidad de Madrid. Unos dirigentes que se habían formado en las artes oscuras leyendo la biografía de Margaret Thatcher, política que veneraban por encima de cualquier santo o dios. Pues, un par de años más tarde, Gallardón se convertiría en alcalde y entre sus primeras medidas serían las de aumentar las tarifas de los polideportivos públicos y sacar licitaciones para la gestión privada de estos centros, los cuales, aunque pagados por todos los madrileños, se cederían a empresarios del sector de transporte, con ninguna experiencia o conocimiento del mundo del deporte, y cuyo único aval eran las relaciones carnales que mantenían con el partido gobernante. Las instalaciones que el ahora ex alcalde neoliberal y experto en disfrazarse con piel de cordero no conseguía privatizar, las dejaba caer en el abandono para, posteriormente ó en paralelo, construir otras que, nada más terminar de levantarse, regalaba a empresas externas.

Otra compañera del grupo con el que compartía el viaje a la Sierra Nevada, nos comentó que hace poco se había encontrado con una nadadora olímpica de origen norteamericano quien le contó que tras el cierre de la piscina de Chamartín no le quedó otra que viajar a Aluche para poder encontrar un lugar para entrenar. Y no es que no hubiera dinero. El mismo alcalde que acabó con los deportes en Madrid es el que se autoproclamó defensor del deporte y presentó la ciudad de Madrid como candidato a sede olímpica por tercera vez consecutiva. Sin embargo, por sus obras se le recordará y cada día queda más claro que el motivo que le impulsó a tamaña apuesta no fue el deporte sino los intereses especulativos del sector inmobiliario.

Han pasado más de 11 años desde que pisé Madrid por primera vez. En este tiempo sólo puedo agradecer las oportunidades que esta ciudad me ha proporcionado, y reconocer que con el paso de los años ha mejorado en algo mi situación laboral y económica de manera que aunque todavía faltando muchas cosas, por poco ya no pertenezco a la generación ‘mileurista’, y puedo permitirme el esfuerzo adicional que supone practicar el deporte en unas instalaciones privadas. Sin embargo, pienso en los que se licencien ahora, en los que pisen por primera vez suelo madrileño con vistas a buscarse la vida en las profesiones liberales. Lamento que estos no encontrarán la ciudad que descubrí sino una tierra hostil en la que los derechos se han convertido en privilegios. Una tierra más parecida al país que dejé, en el que para la mayoría de la gente la palabra ‘Estado’ ya no significa ‘bienestar’ sino ‘policía’, ‘ejército’ y ‘hacienda’. Y me pregunto, ¿pero qué concepto de ciudadanía es esa? Pues, es el mismo concepto que llevó a miles de jóvenes a reaccionar con violencia el pasado mes de agosto en las principales ciudades inglesas, no como ciudadanos que protesten legítimamente contra los errores de las instituciones democráticas, sino como meros consumidores sin dinero, despojados del sentido cívico; de pertenencia a una comunidad o a un país. Es el mismo concepto que está transformando sociedades supuestamente ‘avanzadas’ en ciudades sin ley donde sólo reina la barbarie.

Y lo más triste es que al igual que en el Reino Unido de hace 25-30 años, sólo protesta una pequeña minoría. Demasiadas personas que una vez se beneficiaban del estado de bienestar ahora se creen lo suficientemente ricos para dejarlo desaparecer como si les importara un bledo el futuro de sus propios hijos y nietos. Asumen que cualquier cambio es inevitable y se hacen creer las mentiras de un Gobierno que busca echar toda la culpa a su antecesor mientras procede sin descanso a hacer realidad su sueño thatcherita en versión ibérica. El cambio en absoluto es inevitable. Hay alternativa pero hay que luchar por ella de la misma manera con la que nuestros padres lucharon en su día. Y tenemos que pensar en qué sociedad queremos vivir y no en qué sociedad nos obligan a sobrevivir.