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Escocia, ¿independiente?



Hoy, por fin, sabemos que como tarde en 2014 los escoceses podrán votar por la independencia. El Primer Ministro del país vecino de Inglaterra ha prometido organizar un referéndum y quiere que se realice en sus propios términos. De inmediato, se ha avivado el debate entre los partidos ‘pro-unión’, es decir los conservadores, laboristas y liberal demócratas, por un lado, y los nacionalistas escoceses, liderados por el carismático primer mandatario, Alex Salmond, por otro. Sin embargo, el debate no gira en torno a los  beneficios o no de la separación, sobre si una Escocia independiente debería integrarse en el euro, o si debería mantener a la Reina como Jefa de Estado, sino sobre el procedimiento según el cual se realizará la consulta.

El Primer Ministro británico quiere que el Parlamento de Westminster retenga algún control sobre la fecha del referéndum y quiere evitar que Salmond incluya en la consulta una tercera opción intermedia, definida como ‘autogobierno max’, según la cual los escoceses conseguirían todo menos la independencia total, es decir, algo similar al estatus actual del País Vasco. Según todos los sondeos, menos del 40% de los escoceses quieren abandonar el Reino Unido, sin embargo, el gran estratega político, Salmond, cree que si juega bien las cartas y consigue provocar una guerra dialéctica entre Londres y Edimburgo, servirá para polarizar a la opinión pública, aumentando así la popularidad de su causa al norte de la frontera. Si además consigue retrasar el voto hasta 2014 le aumentará las posibilidades de dar un giro a los sondeos, algo que Cameron quiere evitar a toda costa, aunque el resultado sea la opción intermedia, que podría ser interpretada como un paso más en la dirección de una eventual separación.

Pero, ¿qué pasará al final? En mi opinión, es poco probable que los escoceses voten a favor de la independencia total, aunque si lo hicieran tampoco tendría un impacto muy importante en el día a día para los británicos. Escocia ya cuenta con su propio sistema de salud pública y autogestiona sus colegios, institutos y universidades. De hecho, a diferencia de Inglaterra donde los estudiantes tienen que pagar hasta 15.000 euros al año para matricularse en una universidad pública, la educación superior en Escocia es gratuita y la calidad es excelente. El único riesgo que veo es en política fiscal. Si Escocia decidiera elegir el camino de la independencia pero sin abandonar la libra, podría ser desestabilizador para la moneda. Si en cambio Escocia optara por el euro, esto dejaría de ser un problema. En cambio, donde sí tendría un gran impacto político sería en Inglaterra, un país profundamente conservador en el que en los últimos años sólo ha habido alternancia entre gobiernos de izquierda y derecha gracias a los votos de los escoceses, por naturaleza europeístas, y que cuando no votan a los nacionalistas votan laborista. La presencia conservadora en Escocia es residual.

Una Inglaterra independiente sin duda sería un país muy diferente al que conocemos ahora, y muy posiblemente terminaría saliendo de la Unión Europea para convertirse en una especie de Suiza con fish & chips. Sin embargo, de momento, el tema no me quita mucho sueño. La gran cuestión es cuánto cambiarán las cosas de aquí a los próximos 10 a 20 años.

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